Covadonga ha sido un lugar especial para todos nosotros, en cuanto a su ubicación natural, pues el valle del Auseva es de una belleza sin igual. Recuerdo las palabras de San Juan Pablo II en su visita a Covadonga, en 1989. Él, que ya había recorrido casi todo el mundo a esas alturas, decía que conocía tres lugares particularmente bellos, y uno de ellos lo situó en Covadonga.
Durante estos días, tuvimos días de oración y encuentro con nuestra Madre María. Se celebró la eucaristía en la Santa Cueva y realizamos el rezo de los oficios con los Canónicos y hermanas que viven en los alrededores de este santuario. El ambiente estuvo muy alegre, sentido y espiritual con una alta participación de todos. Rezamos durante el trayecto el santo rosario y pedimos por las intenciones de nuestra parroquia y las de los muchos amigos y familias que nos han pedido que encomendáramos a la Santina. El abad del Santuario y canónicos nos recibieron fraternalmente junto a las hermanas donde estuvimos hospedados: “Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales de Covadonga”. Agradecemos especialmente a ellas por su atención y acogida.
También hubo oportunidad para celebrar la Misa en Santo Toribio de Liebana en la capilla del Lignum Crucis. En la que hemos puesto al pie de la cruz todas las intenciones en especial por España y las fuerzas Armadas, también tuvimos presente al Arzobispado Castrense.
Ya de vuelta a nuestra Parroquia, hemos aprovechado para visitar varios lugares: LLanes, Cangas de Onis y Burgos, donde hubo oportunidad para sentir la fraternidad y la alegría que une a nuestra parroquia. Tanto así que estuvo muy amenizada por los cantos y anécdotas de muchos parroquianos.
Oración a la Santina de Covadonga
Santina de Covadonga
tú brillas en la altura más bella que el sol
y nos muestras a Jesús,
-bendito fruto de tu vientre- como hogar acogedor.
Sabiéndonos pobres en nuestra vida
te pedimos nos ayudes a tomar por guía el Evangelio
animados con el gozo de la resurrección.
Reina de nuestra montaña:
aviva en nosotros una entrega generosa,
que se haga caridad ardiente
como expresión sincera de fraterno amor.
Así, los hijos de esta Iglesia
que peregrina en Asturias,
serán para ti corona de bendición
y nuestra tierra se llenará de alegría del Señor.
Madre de Cristo,
ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte
para poder participar en el banquete del Hijo de tu amor.
Que vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.