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Nueva visita del Vicario de la Guardia Civil a la Comandancia de Barcelona

Cuatro veces viajé en el último trimestre del año pasado a Barcelona, una de ellas acompañando a nuestro Arzobispo. En aquellos meses muchos de nuestros Guardias Civiles, fueron desplazados a Cataluña desde diferentes lugares de la geografía nacional debido a la situación que allí se estaba viviendo.

Creí necesario en aquellos momentos que debía hacerme presente entre ellos para que de alguna manera sintiesen la compañía y el aliento de todos los que formamos parte de la Comunidad Católica en la Guardia Civil.

En situaciones difíciles hemos de ser los primeros en estar, acompañar… para poder atender espiritualmente a los fieles que nos necesitan, sobre todo al estar lejos de sus casas y cuarteles, y al servicio de todos, católicos o no, que deseen nuestra atención.

Hace unos días volví a Barcelona, a su Comandancia. Quería, esta vez, regresar con la intención de ver, saludar y alentar a todos, los y las, guardias civiles que allí continúan y que una vez de regreso a sus destinos de los compañeros que en su día fueron desplazados, se han quedado con la labor cotidiana de sus misiones y servicios diarios.

Personalmente no quería que estos viajes y mi presencia en Barcelona fuesen un mero acto de saludo. Mi intención entonces era hacer ver y poner el Servicio Religioso en la Guardia Civil a disposición de nuestros compañeros. Hoy mi deseo es que los que continúan allí no se encuentren solos y que sientan que sus preocupaciones y sufrimientos diarios son también nuestros.

No es fácil su trabajo, ni fácil su vida en las circunstancias en las que viven, ni para ellos ni para sus familias. El rechazo, la intolerancia, el fanatismo, incluso el odio, acompañados muchas veces de la falsedad y de la mentira, hacen que tengan que vivir en un clima difícil e incluso en muchos casos hostil. Pese a la incomprensión de muchos ellos siguen trabajando al servicio de los ciudadanos con ilusión, entrega y cariño hacia ellos.

He sentido el dolor de una sociedad partida y herida. División y dolor que también ha llegado a nuestros fieles. Ellos, todos nosotros, en la lucha contra el mal solo podemos estar disponibles al servicio de los hombres y de las mujeres, velando por su seguridad y bien estar. En ello, nosotros, Iglesia de Jesús, hemos de estar a su lado. Han de sentirnos junto a ellos para que puedan descansar de sus fatigas si nos precisan y para que entre todos aprendamos a restañar heridas en una sociedad humana en la que lo importante para todos han de ser las personas y para los seguidores de Jesús, además, reconciliar a la familia y reencontrarnos con los hermanos. 

Francisco José Bravo Castrillo

Vicario Episcopal de la Guardia Civil

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