El Señor Arzobispo, en unas profundas palabras en el contexto del Adviento, les alentó a considerar en sus vidas, tan distintas por trayectoria e historia personal, el don de la vocación como pura gracia, y en cierto modo un privilegio. Igualmente nos animó a considerar las dificultades de la vida y la importancia de este tiempo de preparación en el Seminario. Insistiendo, en esta etapa de formación, como un camino para reforzar su interior para recibir el don de la gracia del sacramento para servir a la Iglesia, a los militares, los cuerpos de seguridad del Estado y sus familias, y a los más necesitados.