En las palabras de la homilía el prelado les invitó a conservar y cultivar ese tesoro como aquel que cuida una semilla sembrada en la tierra para que crezca y dé fruto abundante. Del mismo modo el cristiano necesita cultivar esa intimidad con Cristo por medio de los sacramentos y oración y regarla con la lectura asidua de la palabra de Dios. Para ello les invitó, en primer lugar, a dar gracias por ese momento en silencio y con tranquilidad nada más ser ungidos y al final de la misa les hizo obsequio de un díptico en el que les daba pausas sencillas para llevarlo a cabo y se les hizo entrega del “Armas de la fe” (Las Sagradas Escrituras y compendio de la fe) para su crecimiento personal.
En la celebración del sacramento fueron acompañados por el Páter de la Unidad así como el Páter Batuecas que durante muchos años hizo esa importante labor, familiares, así como los mandos de la Unidad y compañeros de los alumnos que quisieron ser testigos de ese momento.
La tarde fue calurosa en todos los sentidos. Tanto por las altas temperaturas de estas fechas como por el acompañamiento y acogida de los mismos por el centro.