Con palabras cordiales don Francisco explicó en su homilía, la portentosa vida de Santa Rita de Casia, abogada de las causas imposibles, a la que los fieles llevaron en obsequio y hasta su altar diversas especies. Se pidió la intercesión de Santa Rita por Cartagena, en un templo puntualmente desbordado. En el mismo acto y con el mayor fervor tuvo lugar la tradicional bendición de las rosas.