Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
Con la solemnidad de Pentecostés, hace una semana, concluyó el Tiempo Pascual. Al celebrar hoy el Misterio de Dios Trinidad, se nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre el camino recorrido, partiendo de su centro, que es la vida de Dios que se nos ha entregado en Jesucristo. Esta vida es una comunión dinámica, inagotable, fecunda, de la que ahora participamos: el Espíritu que une al Padre y al Hijo ha sido derramado en nuestros corazones, de modo que en el mundo toma forma la Iglesia, sacramento de comunión, espacio de encuentro, de amor y de vida en el que el cielo y la tierra ya se tocan.
El Evangelio de la liturgia de hoy (Jn 3,16-18) nos presenta a Nicodemo, una figura destacada en Israel que sintió una profunda atracción por Jesús. En efecto, fue a buscarlo —de noche, para no ser visto—, deseoso de conocer mejor a este misterioso Maestro y de hacerle preguntas. Al recibirlo, el Señor dio importancia a su búsqueda. Lo sorprendió, sugiriéndole que también par un adulto es posible renacer; le dejó entrever que la vida de Dios habría podido transformar su vida. Jesús habló a Nicodemo del Espíritu Santo, iluminó su noche con la verdad que en la fiesta de hoy resuena en todas nuestras iglesias: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (v. 16). Y también: «Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él» (v. 17).
Queridos amigos, en el Misterio de Dios, Padre e Hijo y Espíritu Santo, estamos en casa, tal y como Nicodemo se sintió en casa junto a Jesús. La vida de Dios es maravillosa y cautivadora, da paz a nuestro corazón, a menudo tan inquieto, y nos permite encontrarnos como hermanos y hermanas en la alegría del Espíritu. La Trinidad nos hace amar todo y a todos; descubrimos que cada criatura está hecha para la comunión, la relación, el encuentro. Y, por contraste, comprendemos por qué las divisiones, las polarizaciones y el desprecio de la diversidad traen al mundo destrucción, tristeza y aridez.
Nicodemo formaba parte del Sanedrín, el Consejo de los jefes de Israel. Cuando oyó en el Sanedrín palabras de desprecio hacia Jesús, invitó a todos a escucharlo antes de condenarlo. Había recibido de Dios, a través del mismo Cristo, el Espíritu de la comunión, que abre el corazón a la nueva verdad y a la verdadera novedad. Quien no acoge a este Espíritu envejece pronto, sumido en la queja; se encuentra solo, nunca tiene el ánimo festivo. Hoy, en cambio, queridos hermanos y hermanas, es fiesta. La fiesta de Dios es nuestra fiesta. Por eso san Pablo escribe a los corintios: «Por lo demás, hermanos, alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros» (2 Co 13,11).
Y ahora, con la oración del Ángelus, nos dirigimos a la Virgen María; que en su “sí” a la divina Voluntad florezca también nuestro “sí” al amor de la Santísima Trinidad.
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Dopo Angelus
Queridos hermanos y hermanas:
En este mes de mayo, toda la Iglesia ha alzado una invocación unánime por la paz. Especialmente a través de la oración del Santo Rosario, como una cadena ininterrumpida, ha encomendado a la intercesión de la Virgen María los pueblos atormentados por la guerra. Que la Sabiduría divina ilumine la conciencia de quienes ejercen la autoridad y oriente sus decisiones hacia la búsqueda sincera de una paz justa y duradera.
Hoy se celebra en Italia la 25ª “Jornada del Alivio”. Acompaño de corazón a todas las personas enfermas y a quienes las asisten. Agradezco y animo a todos los que difunden la cultura de la cercanía y del cuidado.
A todos ustedes, romanos y peregrinos, que han venido hoy a la plaza de San Pedro, los saludo con afecto.
En particular, doy la bienvenida al obispo y a los peregrinos de la diócesis de Kumba, en Camerún; así como al coro parroquial de Dunajska Luzna, en Eslovaquia. Saludo a los polacos aquí presentes y también a los participantes en la gran peregrinación al Santuario de Piekary, donde se venera a María como Madre de la Justicia Social.
Saludo al Grupo de Alpinos de Rivoli, a los jóvenes de San Zeno Naviglio y a los participantes en la “Carrera de relevos de la inclusión”, con algunas banderas realizadas por estudiantes de institutos italianos.
A todos les deseo un feliz domingo.
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
En esta solemnidad de Pentecostés estamos llamados a contemplar el don del Espíritu Santo, derramado en abundancia sobre la Iglesia naciente y, hoy, nuevamente dispensado a sus miembros, como luz y fuerza que los acompaña en cada momento de la vida.
Podemos detenernos en una imagen del Espíritu que nos da la liturgia de hoy: el Espíritu abre las puertas. En efecto, el Evangelio nos dice que estaban «cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos» (Jn 20,19) y, al mismo tiempo, el libro de los Hechos de los Apóstoles nos narra que el Espíritu llegó como una ráfaga de viento (cf. Hch 2,2), que abriendo las puertas impulsó a los discípulos a salir a anunciar la Buena Noticia de Cristo resucitado.
Hoy también nos podemos preguntar: ¿qué puertas abre el Espíritu Santo?
La primera puerta es la del mismo Dios, en el sentido en que nos abre el acceso al misterio de Dios, así como se ha revelado en Jesucristo. Con el don de su Espíritu, Dios nos concede la verdadera fe, nos hace comprender el sentido de las escrituras, se nos muestra cercano y nos permite participar de su misma vida. El Espíritu Santo nos ayuda a tener una experiencia de Dios personal; a encontrarlo en Jesús y no sólo en la observancia de una ley; a reconocerlo en nosotros y a descubrir los signos de su presencia en la vida ordinaria.
La segunda puerta es la del cenáculo, es decir de la Iglesia. Sin el fuego del Espíritu, la Iglesia permanece prisionera del miedo, temerosa ante los desafíos del mundo, cerrada en sí misma y por tanto también incapaz de entrar en diálogo con los tiempos que cambian. El Espíritu abre las puertas de la Iglesia para que pueda acoger y recibir a todos, incluso a aquellos que le han cerrado las puertas a Dios, a los demás, a la esperanza, a la alegría de vivir. Como recordaba el Papa Francisco, estamos llamados a ser «una Iglesia que bendice y anima […] Iglesia con las puertas abiertas para todos» (Homilía de la Misa de apertura de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, 4 octubre 2023).
Por último, el Espíritu Santo abre las puertas de nuestros corazones, ayudándonos a vencer las resistencias, los egoísmos, las desconfianzas y los prejuicios, y haciéndonos capaces de vivir como hijos de Dios y hermanos entre nosotros. En donde está el Espíritu del Señor nace la fraternidad entre las personas, los grupos, los pueblos de la tierra, y todos hablan el único lenguaje del amor, que une y armoniza las diferencias.
Hermanos y hermanas, incluso en nuestros días, especialmente en este día de Pentecostés, debemos invocar al Espíritu Santo, para que abra todas las puertas que aún permanecen cerradas. Necesitamos redescubrir a Dios como Padre que nos ama; edificar una Iglesia en donde todos se sientan en casa; y hacer crecer un mundo fraterno en el que reine la paz entre todos los pueblos.
Como los primeros discípulos, nos confiamos a la intercesión de la Virgen María, Morada del Espíritu Santo y Madre de la Iglesia.
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Después del Regina Caeli
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy se celebra la Jornada de Oración por la Iglesia en China, en la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María Auxilio de los cristianos, venerada con grandísima devoción en el santuario de Sheshan, en Shanghái. Unamos nuestra oración a la de los católicos chinos, como signo de nuestro afecto por ellos y de su comunión con la Iglesia universal y con el Sucesor de Pedro. Que la intercesión de la Reina del Cielo obtenga para la comunidad creyente en China la gracia de la unidad y conceda a todos la fuerza para dar testimonio del Evangelio en las dificultades cotidianas, para ser semilla de esperanza y de paz. En particular, invoco la paz eterna para las víctimas del accidente ocurrido en días pasados en una mina en el norte de China.
A María Santísima, Auxilio de los cristianos, confiamos también las comunidades cristianas de Tierra Santa, del Líbano y de todo Oriente Medio, que sufren a causa de la guerra.
Y ahora dirijo mi saludo a todos ustedes, fieles de Roma y peregrinos de diversos países.
En particular, saludo al grupo de personas con discapacidad procedentes de Polonia; así como a los peregrinos que han venido en bicicleta desde Kelmis, en Bélgica. ¡Felicidades!
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
Hoy, en muchos países del mundo, se celebra la Solemnidad de la Ascensión del Señor.
La imagen de Jesús que —como narra el texto bíblico (cf. Hch 1,1)—, elevándose desde la tierra sube al cielo, puede hacernos percibir este Misterio como un acontecimiento lejano. En realidad, no es así. Nosotros, de hecho, estamos unidos a Jesús como los miembros a la cabeza, en un solo cuerpo, y su ascensión al cielo nos atrae también, con Él, hacia la plena comunión con el Padre. San Agustín decía a este propósito: «El que la cabeza vaya delante es garantía para los miembros» (Sermón 265, 1.2).
Toda la vida de Cristo es un dinamismo ascendente, que abraza y envuelve, a través de su humanidad, todo el escenario del mundo, elevando y redimiendo al hombre de su condición de pecado, llevando luz, perdón y esperanza allí donde había tinieblas, injusticia y desesperación, para llegar a la victoria definitiva de la Pascua, en la que el Hijo de Dios «muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando restauró la vida» (Prefacio de Pascua I).
La Ascensión, entonces, no nos muestra una promesa lejana, sino un vínculo vivo, que nos atrae también a nosotros hacia la gloria celestial, ampliando y elevando —ya desde esta vida— nuestro horizonte y acercando cada vez más nuestro modo de pensar, de sentir y de actuar a la medida del corazón de Dios.
Nosotros conocemos el camino de este itinerario ascendente (cf. Jn 14,1-6). Lo encontramos en Jesús, en la entrega de su vida, en sus ejemplos y en sus enseñanzas, como también vemos sus huellas en la Virgen María y en los santos: aquellos que la Iglesia ofrece como modelo universal y aquellos —como le gustaba decir al Papa Francisco— «de la puerta de al lado» (Exhort. ap. Gaudete et exsultate, 7), con los que vivimos cada día —papás, mamás, abuelos, personas de todas las edades y condiciones—, que con alegría y compromiso se esfuerzan sinceramente por vivir según el Evangelio.
Con ellos, con su apoyo y gracias a su oración, podemos aprender también nosotros a subir día a día hacia el cielo, haciendo objeto de nuestros pensamientos, como dice san Pablo, “todo lo que es verdadero, justo, amable” (cf. Flp 4,8) y poniendo en práctica, con la ayuda de Dios, lo que hemos «oído y visto» (v. 9), haciendo crecer, en nosotros y en nuestro entorno, la vida divina que recibimos en el bautismo y que nos impulsa constantemente hacia lo alto, hacia el Padre, y difundiendo en el mundo frutos preciosos de comunión y de paz.
Que nos ayude la Virgen María, Reina del Cielo, que en todo momento ilumina y guía nuestro caminar.
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Después del Regina Caeli
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy se celebra en muchos países la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que este año he querido dedicar al tema “Custodiar voces y rostros humanos”. En esta época de la inteligencia artificial animo a todos a comprometerse en la promoción de formas de comunicación que sean siempre respetuosas de la verdad del hombre, a la cual se debe orientar toda innovación tecnológica.
De hoy al próximo domingo se llevará a cabo la Semana Laudato si’, dedicada al cuidado de la creación e inspirada en la encíclica del Papa Francisco. En este año jubilar de san Francisco de Asís, recordamos su mensaje de paz con Dios, con los hermanos y con todas las creaturas. Lamentablemente, a causa de las guerras, en estos últimos años se han retrasado mucho los progresos en este ámbito. Por eso, animo a los miembros del movimiento Laudato si’, y a todos los que trabajan por una ecología integral, a renovar este compromiso. Cuidar la paz es cuidar la vida.
Los saludo a todos ustedes, queridos fieles de Roma y peregrinos de distintos países. En particular, doy la bienvenida a algunas bandas musicales provenientes de Alemania, a la confraternidad Sant’Antonu di u Monti de Ajaccio y al grupo de estudiantes de Montana de los Estados Unidos de América.
Saludo a los jóvenes de Oppido Mamertina, a los animadores de Lorenzaga de la diócesis de Concordia-Pordenone y a los jóvenes confirmandos de la diócesis de Génova.
¡Les deseo a todos un feliz domingo!
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
En el Evangelio de hoy, hemos escuchado algunas palabras que Jesús dirige a sus discípulos durante la Última Cena. Mientras transforma el pan y el vino en el signo vivo de su amor, Cristo dice: «si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos» (Jn 14,15). Esta afirmación nos libra de un malentendido, es decir, de la idea de que somos amados si guardamos los mandamientos: nuestra justicia sería entonces un condicionante para el amor de Dios. Por el contrario, el amor de Dios es la condición para nuestra justicia. Guardamos verdaderamente los mandamientos, según la voluntad de Dios, si reconocemos su amor por nosotros, tal como Cristo lo revela al mundo. Las palabras de Jesús son, pues, una invitación a la relación, no un chantaje ni una puesta en duda.
Por eso el Señor nos manda que nos amemos unos a otros como Él nos ha amado (cf. Jn 13,34): es el amor de Jesús el que hace nacer el amor en nosotros. Cristo mismo es el criterio, la regla del amor verdadero; aquel que es fiel para siempre, puro e incondicional. Aquel que no conoce ni el “pero” ni el “quizá”, aquel que se entrega sin querer poseer, aquel que da vida sin pedir nada a cambio. Dado que Dios nos ama primero, también nosotros podemos amar; y cuando amamos verdaderamente a Dios, nos amamos verdaderamente unos a otros. Sucede como con la vida: sólo quien la ha recibido puede vivir, y así, sólo quien ha sido amado puede amar. Los mandamientos del Señor son, por tanto, una forma de vida que nos sana de los amores falsos; son un estilo espiritual, que es camino hacia la salvación.
Precisamente porque nos ama, el Señor no nos deja solos en las pruebas de la vida: nos promete al Paráclito, es decir, al Abogado defensor, el «Espíritu de la Verdad» (Jn 14,17). Es un don que «el mundo no puede recibir» (ibíd.), mientras se obstine en el mal que oprime al pobre, excluye al débil y mata al inocente. Mientras que, quien corresponde al amor que Jesús tiene hacia todos, encuentra en el Espíritu Santo un aliado que nunca falla: «Ustedes, en cambio, lo conocen, —dice Jesús—, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes» (ibíd.). Siempre y en todas partes podemos entonces dar testimonio de Dios, que es amor: esta palabra no significa una idea de la mente humana, sino la realidad de la vida divina, por la cual todas las cosas han sido creadas de la nada y redimidas de la muerte.
Al ofrecernos el amor verdadero y eterno, Jesús comparte con nosotros su identidad de Hijo amado: «yo estoy en mi Padre, y […] ustedes están en mí y yo en ustedes» (v. 20). Esta comunión de vida tan envolvente desmiente al acusador, es decir, al adversario del Paráclito, el espíritu contrario a nuestro defensor. De hecho, mientras que el Espíritu Santo es fuerza de verdad, este acusador es «padre de la mentira» (Jn 8,44), que quiere enfrentar al hombre con Dios y a los hombres entre sí: justo lo contrario de lo que hace Jesús, salvándonos del mal y uniéndonos como pueblo de hermanos y hermanas en la Iglesia.
Queridos amigos, llenos de gratitud por este don, confiémonos a la intercesión de la Virgen María, Madre del Amor Divino.
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Palabras después del Regina Coeli
Queridos hermanos y hermanas:
He recibido con preocupación las noticias sobre el aumento de la violencia en la región del Sahel, en particular en Chad y Malí, que han sido objeto de recientes ataques terroristas. Les aseguro mis oraciones por las víctimas y mi cercanía a quienes sufren. Deseo que cese toda forma de violencia y aliento todo esfuerzo en favor de la paz y el desarrollo en esa querida tierra.
El 10 de mayo se celebra el “Día de la Amistad Copto-Católica”. Dirijo un saludo fraterno a Su Santidad el Papa copto Tawadros II y aseguro mi oración a toda la amada Iglesia copta, con la esperanza de que nuestro camino de amistad nos conduzca a la unidad perfecta en Cristo, quien nos llamó “amigos” (cf. Jn 15,15).
¡Y ahora les doy la bienvenida a todos ustedes, romanos y peregrinos de diversos países!
En particular, saludo al grupo “Guardias de honor del Sagrado Corazón de Jesús”, procedentes de varias ciudades de Italia, y a los “Voluntarios para la evangelización” vinculados a la familia de Radio María; así como a la Asociación de voluntariado “Komen Italia”, comprometida con la prevención del cáncer de mama.
Quiero agradecer la acogida que caracteriza al pueblo de las Islas Canarias, por permitir la llegada del crucero “Hondius” con los enfermos de hantavirus. Estoy contento de poder encontrarme con vosotros el próximo mes en mi visita a las Islas.
Hoy recordamos de modo especial a todas las madres. Por intercesión de María, madre de Jesús y madre nuestra, recemos con cariño y gratitud por cada mamá, especialmente por aquellas que viven en condiciones difíciles. ¡Gracias! ¡Que Dios las bendiga!
Les deseo a todos un feliz domingo.
Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!
Como la Iglesia primitiva, en el tiempo pascual volvemos a escuchar palabras de Jesús que despliegan su pleno significado a la luz de su pasión, muerte y resurrección. Lo que los discípulos antes no entendían o les provocaba turbación, ahora vuelve a su memoria, les hace arder el corazón y les da esperanza.
El Evangelio proclamado este domingo nos introduce en el diálogo del Maestro con los suyos durante la última cena. En particular, escuchamos una promesa que nos involucra ya desde ahora en el misterio de su resurrección. Jesús dice: «Cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes» (Jn 14,3). Los apóstoles descubren así que en Dios hay lugar para cada uno. Dos de ellos lo habían experimentado durante su primer encuentro con Jesús, en el río Jordán, cuando Él se había dado cuenta de que lo seguían y los había invitado a quedarse esa tarde en su casa (cf. Jn 1,39). También ahora, frente a la muerte, Jesús habla de una casa, esta vez muy grande: es la casa del Padre suyo y Padre nuestro, donde hay lugar para todos. El Hijo se describe como el siervo que prepara las habitaciones, para que cada hermano y hermana, al llegar, encuentre lista la suya y se sienta desde siempre esperado y finalmente encontrado.
Queridos hermanos, en el viejo mundo todavía estamos en camino, lo que atrae la atención son los lugares exclusivos, las experiencias al alcance de unos pocos, el privilegio de entrar donde ningún otro puede hacerlo. En cambio, en el mundo nuevo donde el Resucitado nos lleva, lo más valioso está al alcance de todos. Pero no por eso pierde atracción. Al contrario, lo que está abierto a todos ahora causa alegría; la gratitud toma el puesto de la competición; la acogida elimina la exclusión; la abundancia ya no genera desigualdad. Sobre todo, nadie se confunde con otro, nadie está perdido. La muerte amenaza con borrar el nombre y la memoria, pero en Dios cada uno es finalmente uno mismo. En verdad, este es el lugar que buscamos toda la vida, en ocasiones dispuestos a todo con tal de lograr un poco de atención y de reconocimiento.
“Tengan fe”, nos dice Jesús. ¡Este es el secreto! «Crean en Dios y crean también en mí» (Jn 14,1). Precisamente esta fe libera nuestro corazón de la ansiedad por tener y obtener, del engaño de tener que correr tras un puesto de prestigio para valer algo. Cada uno posee ya un valor infinito en el misterio de Dios, que es la verdadera realidad. Amándonos los unos a los otros como Jesús nos ha amado, nos damos esta certeza. Es el mandamiento nuevo: anticipamos así el cielo en la tierra, revelamos a todos que la fraternidad y la paz son nuestro destino. De hecho, en el amor, en medio de una multitud de hermanos, cada uno descubre que es único.
Recemos pues a María Santísima, Madre de la Iglesia, para que toda comunidad cristiana sea una casa abierta a todos y atenta a cada uno.
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Palabras después del Regina Coeli
Queridos hermanos y hermanas:
Ha comenzado el mes de mayo. En toda la Iglesia se renueva la alegría de encontrarse en el nombre de María nuestra Madre, especialmente para rezar juntos el Rosario. Se revive la experiencia de esos días, entre la Ascensión de Jesús y Pentecostés, cuando los discípulos estaban en el Cenáculo invocando al Espíritu Santo; María Santísima estaba en medio de ellos y su corazón custodiaba el fuego que animaba la oración de todos. Les confío mis intenciones, en particular por la comunión en la Iglesia y la paz en el mundo.
Hoy se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa, patrocinado por la UNESCO. Lamentablemente, este derecho se viola con frecuencia, a veces de manera flagrante y otras de forma encubierta. Recordemos a los numerosos periodistas y reporteros víctimas de las guerras y la violencia.
Saludo con afecto a todos ustedes, fieles de Roma y peregrinos venidos de numerosos países.
Doy la bienvenida a los docentes —religiosas y laicos— de las Escuelas de las Hermanas Franciscanas de los Sagrados Corazones; como también a los fieles de Madrid y Granada, de Mineápolis y de Malasia; y a los peruanos que, en Roma, forman la Asociación “Virgen de Chapi de Arequipa”.
Saludo a la Asociación “Meter”, que desde hace treinta años se compromete por defender a los menores de la plaga de los abusos, implicando a la comunidad eclesial y a la comunidad civil, educando en la cercanía a las víctimas y en la prevención. ¡Gracias por su servicio!
Me alegra acoger a los fieles de Padua, al “Grupo de jóvenes Valdaso” y al “Punto Jóvenes” de la Comunidad Camiliana de Piossasco, a la Acción Católica del Vicariato de Noale, a los jóvenes de Verolanuova y Cadignano, al Coro juvenil de Coredo-Predaia y a los estudiantes del Liceo Fardella – Ximenes de Trapani.
¡A todos les deseo un feliz domingo!


DECRETO DE CREACIÓN DE LA CRUZ CONMEMORATIVA DEL
CENTENARIO DE LA PROCLAMACIÓN NUESTRA SEÑORA DEL
PERPETUO SOCORRO COMO PATRONA DEL
CUERPO DE SANIDAD MILITAR
JUAN ANTONIO AZNÁREZ COBO
POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA, ARZOBISPO CASTRENSE DE ESPAÑA
Creada la Cruz Conmemorativa del Centenario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro como Patrona del Cuerpo de Sanidad Militar
Con motivo del centenario de la proclamación de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro como Patrona del Cuerpo de Sanidad Militar, el Arzobispo Castrense de España ha decretado la creación de la Cruz Conmemorativa del Centenario, una distinción destinada a reconocer a los miembros del Cuerpo Militar de Sanidad, personal relacionado con la Sanidad Militar y otras personas e instituciones que reúnan los requisitos establecidos en el decreto. La iniciativa se enmarca dentro de los actos conmemorativos de esta efeméride, que recuerda los cien años de especial devoción y patronazgo de la Virgen del Perpetuo Socorro sobre los sanitarios militares.
Se adjunta el decreto completo con las condiciones de concesión, descripción de la condecoración y procedimiento de solicitud.
Las solicitudes no podrán presentarse hasta el próximo 27 de junio, fecha a partir de la cual estará disponible el trámite correspondiente.
DOCUMENTACIÓN DE LA
"CRUZ CONMEMORATIVA DEL CENTENARIO DE LA PROCLAMACIÓN DE
NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO COMO PATRONA DEL CUERPO DE SANIDAD MILITAR
DECRETO
Decreto de Creación de 27 de mayo 2026
NORMATIVA Y DOCUMENTACIÓN PARA LA SOLITUD DE MEDALLA CONMEMORATIVA
Personal con derecho a la concesión de la Cruz Conmemorativa
!!! Aclaración sobre el decreto !!!
La solicitud de concesión de medalla (Anexo II), asi como
la documentación que corresponda deben ser enviados a través de correo electrónico a:
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
(No se admitirán solicitudes por otro canal de comunicación)
* IMPORTANTE: Las solicitudes enviadas por cualquier medio distinto del correo electrónico indicado, o a una dirección de correo diferente de la establecida, no serán admitidas, no se tramitarán ni serán contestadas.
Nota aclaratoria
En relación con el derecho a la concesión previsto en el apartado 2.b) del Decreto, se informa de que no se admitirán ni tramitarán solicitudes presentadas por los propios interesados, por terceros en su nombre o dirigidas a la Inspección General de Sanidad o al Arzobispado Castrense. La concesión de esta distinción únicamente podrá iniciarse de oficio, por iniciativa de la Inspección General de Sanidad o del Arzobispado Castrense.
Asimismo, debido al elevado número de propuestas y al proceso de valoración de los méritos, la resolución y comunicación de las concesiones no tendrá carácter inmediato. La notificación de las distinciones podrá demorarse varios meses desde el inicio de su tramitación. En consecuencia, no serán atendidas las solicitudes de información o consultas relativas al estado de tramitación de posibles concesiones.
1ª lectura: Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres.
Lectura del libro del Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a
Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para probarte y conocer lo que hay en tu corazón: si guardas sus preceptos o no.
Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para hacerte reconocer que no solo de pan vive el hombre, sino que vive de todo cuanto sale de la boca de Dios.
No olvides al Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con serpientes abrasadoras y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres».
Salmo: Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20.
R. Glorifica al Señor, Jerusalén.
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R.
Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R.
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R.
2ª lectura: El pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 16-17.
Hermanos:
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?
Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos comemos del mismo pan.
SECUENCIA
He aquí el pan de los ángeles,
hecho viático nuestro;
verdadero pan de los hijos,
no lo echemos a los perros.
Figuras lo representaron:
Isaac fue sacrificado;
el cordero pascual, inmolado;
el maná nutrió a nuestros padres.
Buen Pastor, Pan verdadero,
¡oh, Jesús!, ten piedad.
Apaciéntanos y protégenos;
haz que veamos los bienes
en la tierra de los vivientes.
Tú, que todo lo sabes y puedes,
que nos apacientas aquí siendo aún mortales,
haznos allí tus comensales,
coherederos y compañeros
de los santos ciudadanos.
Aleluya Jn 6, 51
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo -dice el Señor-;
el que coma de este pan vivirá para siempre. R.
Evangelio: Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 51-58.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
1ª lectura: Cumple tu tarea de evangelizador. Pues yo estoy a punto de ser derramado en liberación y el Señor me dará la corona de la justicia
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 1-8
Querido hermano:
Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, por su manifestación y por su reino: proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, reprocha, exhorta con toda magnanimidad y doctrina.
Porque vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que se rodearán de maestros a la medida de sus propios deseos y de lo que les gusta oír; y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas.
Pero tú sé sobrio en todo, soporta los padecimientos, cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu ministerio. Pues yo estoy a punto de ser derramado en liberación y el momento de mi partida es inminente.
He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.
Salmo: Sal 70, 8-9. 14-15ab. 16-17. 22.
R. Mi boca contará tu salvación, Señor.
Llena estaba mi boca de tu alabanza
y de tu gloria, todo el día.
No me rechaces ahora en la vejez,
me van faltando las fuerzas, no me abandones. R.
Yo, en cambio, seguiré esperando,
redoblaré tus alabanzas;
mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación. R.
Contaré tus proezas, Señor mío,
narraré tu justicia, tuya entera.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R.
Y yo te daré gracias, Dios mío,
con el arpa, por tu lealtad;
tocaré para ti la cítara,
Santo de Israel. R.
Aleluya Mt 5, 3
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos. R.
Evangelio: Esta viuda pobre ha echado más que nadie
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 38-44.
En aquel tiempo, Jesús, instruyendo al gentío, les decía:
«¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».
Estando Jesús sentado enfrente del del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante.
Llamando a sus discípulos, les dijo:
«En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
1ª lectura: Los que quieran vivir piadosamente en Cristo serán perseguidos
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 3, 10-17
Querido hermano:
Me has seguido en la doctrina, la conducta, los propósitos, la fe, la magnanimidad, el amor, la paciencia, las persecuciones y los padecimientos, como aquellos que me sobrevinieron en Antioquia, Iconio y Listra.
¡Qué persecuciones soporté! Y de todas me libró el Señor.
Por otra parte, todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos. Pero los malvados y embaucadores irán de mal en peor, engañando a los demás y engañándose ellos mismos.
Tú, en cambio, permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús.
Toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena.
Salmo: Sal 118, 157. 160. 161. 165. 166. 168.
R. Mucha paz tienen los que aman tus leyes, Señor.
Muchos son los enemigos que me persiguen,
pero yo no me aparto de tus preceptos. R.
El compendio de tu palabra es la verdad,
y tus justos juicios son eternos. R.
Los nobles me perseguían sin motivo,
pero mi corazón respetaba tus palabras. R.
Mucha paz tienen los que aman tu ley,
y nada los hace tropezar. R.
Aguardo tu salvación, Señor,
y cumplo tus mandatos. R.
Guardo tus preceptos y tus mandatos,
y tú tienes presentes mis caminos. R.
Aleluya Cf. Jn 14, 23
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
El que me ama guardará mi palabra - dice el Señor -,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él. R.
Evangelio: ¿Cómo dicen que el Mesías es hijo de David?
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 35-37.
En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó:
«¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice:
“Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies”.
Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?». Una muchedumbre numerosa la escuchaba a gusto.
1ª lectura: La palabra de Dios no está encadenada. Si morimos con él, viviremos con él.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 2, 8-15
Querido hermano:
Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David, según mi Evangelio, por el que padezco hasta llevar cadenas, como un malhechor; pero la palabra de Dios no está encadenada.
Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, y la gloria eterna en Cristo Jesús.
Es palabra digna de crédito:
Pues si morimos con él, también viviremos con él. Si perseveramos, también reinaremos con él; si lo negamos, también él nos negará.
Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo.
Esto es lo que has de recordar, advirtiéndoles seriamente delante de Dios que no discutan sobre palabras; no sirve para nada y es funesto para los oyentes.
Procura con toda diligencia presentarte ante Dios como digno de aprobación, como un obrero que no tiene de qué avergonzarse, que imparte con rectitud la palabra de la verdad.
Salmo: Sal 24.
R. Señor, enséñame tus caminos.
Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.
El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R.
Las sendas del Señor son misericordia
y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos.
El Señor se confía a los que lo temen,
y les da a conocer su alianza. R.
Aleluya Cf. 2 Tim 1, 10
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte,
e hizo brillar la vida por medio del Evangelio. R.
Evangelio: No hay mandamiento mayor que estos.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos 12, 28b-34.
En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».
Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. “ El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” No hay mandamiento mayor que estos». El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios». Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.