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1ª lectura: Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 2, 19-20

Hermanos:

Para la Ley yo estoy muerto, porque la Ley me ha dado muerte; pero así vivo para Dios.

Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí.

Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.

Salmo: Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9. 10-11

R. Bendigo al Señor en todo momento.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulte al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

El ángel del Señor acampa en torno a quienes lo temen
y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que lo temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R.

Aleluya Jn 15, 9b. 5b

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Permaneced en mi amor - dice el Señor -;
el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante. R.

Evangelio: El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.

A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

22/7/2026 - Miércoles. Santa María Magdalena, fiesta.

1ª lectura: Encontré al amor de mi alma.

Lectura del libro del Cantar de los cantares 3, 1-4a

Así dice la esposa:

«En mi lecho, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo buscaba y no lo encontraba.

“Me levantaré y rondaré por la ciudad, por las calles y las plazas, buscaré al amor de mi alma”. Lo busqué y no lo encontré.

Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad: “¿Habéis visto al amor de mi alma?”

En cuanto los hube pasado, encontré al amor de mi alma».

Salmo: Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9

R. Mi alma está sedienta de ti, Dios. mío.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R.

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo.
Mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R.

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

«¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?».

«A mi Señor glorioso, la tumba abandonada». R.

Evangelio: Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?

Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 1. 11-18

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:

«Se han llevado del sepulcro al señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:

«Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les contesta:

«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto». Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice:

«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?». Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:

«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice:

«¡María!».

Ella se vuelve y le dice:

«¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!». Jesús le dice:

«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”». María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:

«He visto al Señor y ha dicho esto».

1ª lectura: Arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar.

Lectura de la profecía de Miqueas 7, 14-15. 18-20

Pastorea a tu pueblo, Señor, con tu cayado, al rebaño de tu heredad, que anda solo en la espesura, en medio del bosque; que se apacienta como antes en Basán y Galaad.

Como cuando saliste de Egipto, les haré ver prodigios.

¿Qué Dios hay como tú, capaz de perdonar el pecado de pasar por alto la falta del resto de tu heredad?

No conserva para siempre su cólera, pues le gusta la misericordia.

Volverá a compadecerse de nosotros destrozará nuestras culpas, arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar.

Concederás a Jacob tu fidelidad y a Abrahán tu bondad, como antaño prometiste a nuestros padres.

Salmo: Sal 84, 2-4. 5-6. 7-8

R. Muéstranos, Señor, tu misericordia.

Señor, has sido bueno con tu tierra,
has restaurado la suerte de Jacob,
has perdonado la culpa de tu pueblo,
has sepultado todos sus pecados,
has reprimido tu cólera,
has frenado el incendio de tu ira. R.

Restáuranos, Dios salvador nuestro;
cesa en tu rencor contra nosotros.
¿Vas a estar siempre enojado,
o a prolongar tu ira de edad en edad? R.

¿No vas a devolvernos la vida,
para que tu pueblo se alegre contigo?
Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. R.

Aleluya Cf. Jn 14, 23

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El que me ama guardará mi palabra - dice el Señor -,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él. R.

Evangelio: Extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos».

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 12, 46-50

En aquel tiempo, estaba Jesús hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con él.

Uno se lo avisó:

«Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren hablar contigo». Pero él contestó al que le avisaba:

«¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo:

«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, y mi hermana y mi madre».

Una Caro. Elogio de la monogamia

Entre los días 9 y 12 de julio ha tenido lugar en Guadarrama el Encuentro Nacional de Delegados de Familia y Vida. Este año, la reflexión ha girado en torno al documento Una caro. Elogio de la monogamia en el que se pone en valor el matrimonio, así como la fidelidad que se encarna en la monogamia.

1ª lectura: Hombre, se te ha hecho saber lo que el Señor quiere de ti.

Lectura de la profecía de Miqueas 6, 1-4. 6-8

Escuchad lo que dice el Señor, el pleito del Señor con su pueblo.

«En pie, pleitea con las montañas, que escuchen tu voz las colinas».

Escuchad, montañas, el pleito del Señor, vosotros, inalterables cimientos de la tierra:

el Señor pleitea con su pueblo con Israel se querella.

«Pueblo mío, ¿qué te he hecho? ¿en qué te he molestado? Respóndeme. Yo te saqué de Egipto y te libré de la servidumbre.

Yo te envié a Moisés, Aarón y María».

¿Con qué me presentaré al Señor y me inclinaré ante el Dios excelso?

¿Me presentaré con holocaustos, con terneros de un año?

¿Le agradarán al Señor mil bueyes, miríadas de ríos de aceite?

¿Le ofreceré mi primogénito por mi falta; el fruto de mis entrañas por mi pecado?

Hombre, se te ha hecho saber lo que es bueno, lo que el Señor quiere de ti: tan solo practicar el derecho, amar la bondad, y caminar humildemente con tu Dios.

Salmo: Sal 49, 5-6. 8-9. 16bc-17. 21 y 23

R. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

«Congregadme a mis fieles,
que sellaron mi pacto con un sacrificio».
Proclame el cielo su justicia;
Dios en persona va a juzgar. R.

«No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños» R.

«¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?» R.

«Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios». R.

Aleluya Cf. Sal 94, 8a. 7d

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

No endurezcáis hoy vuestro corazón;
escuchad la voz del Señor R.

Evangelio: Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 12, 38-42

En aquel tiempo, algunos de los escribas y fariseos dijeron a Jesús:

«Maestro, queremos ver un milagro tuyo». Él les contestó:

«Esta generación perversa y adúltera exige una señal; pero no se le dará más signo que el del profeta Jonás. Tres días y tres noches estuvo Jonás en el vientre del cetáceo; pues tres días y tres noches estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra. Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.

Cuando juzguen a esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que la condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra, para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón».

1ª lectura: Concedes el arrepentimiento a los pecadores.

Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19

Fuera de ti, no hay otro dios al cuidado de todo, a quien tengas que demostrar que no juzgas injustamente.

Porque tu fuerza es el principio de la justicia, y tu señorío sobre todo te hace ser indulgente con todos.

Despliegas tu fuerza ante el que no cree en tu poder perfecto y confundes la osadía de los que lo conocen.

Pero tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia, porque haces uso de tu poder cuando quieres.

Actuando así, enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser humano, y diste a tus hijos una buena esperanza, pues concedes el arrepentimiento a los pecadores.

Salmo: Sal 85, 5-6. 9-10. 15-16a

R. Tú, Señor, eres bueno y clemente.

Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia, con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende la voz de mi súplica. R.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios». R.

Pero tú, Señor,
Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí. R.

2ª lectura: El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 26-27

Hermanos:

El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.

Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Aleluya Cf. Mt 11, 25

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.

Evangelio: Dejadlos crecer juntos hasta la siega.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”.

Él les dijo:

“Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntaron:

“¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió:

“No, que, al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

1ª lectura: Desean los campos y se apoderan de las casas.

Lectura de la profecía de Miqueas 2, 1-5

¡Ay de los que traman el crimen y planean pérfidas acciones en sus camas!

En cuento apunta el día las ejecutan, porque tienen poder.

Desean campos y los roban, las casas, y se apoderan de ellas; oprimen al cabeza de familia y a los suyos, explotan al ciudadano y sus bienes.

Por tanto. esto dice el Señor:

«Yo también tramo contra estas gentes un mal del que no podréis apartar el cuello y no andaréis con la cabeza alta, pues serán malos tiempos aquellos.

Aquel día os dedicarán una sátira, se cantará una elegía que diga: “Estamos totalmente perdidos, pues se reparte el lote de mi pueblo; ¿cómo se volverá hacia mí para restituir nuestros campos que ahora está repartiendo?”. Por ellos, no tendrás quien te eche a suertes un lote en la asamblea del Señor».

Salmo: Sal 9, 22-23. 24-25. 28-29. 35

R. No te olvides de los humildes, Señor.

¿Por qué te quedas lejos, Señor,
y te escondes en el momento del aprieto?
En su soberbia el impío oprime al infeliz
y lo enreda en las intrigas que ha tramado. R.

El malvado se gloría de su ambición,
el codicioso blasfema y desprecia al Señor.
El malvado dice con insolencia:
«No hay Dios que me pida cuentas.» R.

Su boca está llena de maldiciones,
de engaños y de fraudes;
su lengua encubre maldad y opresión;
en el zaguán se sienta al acecho,
para matar a escondidas al inocente. R.

Pero tú ves las penas y los trabajos,
tú miras y los tomas en tus manos.
A ti se encomienda el pobre,
tú socorres al huérfano. R.

Aleluya 2 Cor 5, 19ac

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo,
y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación. R


Evangelio: Les mandó que no lo descubrieran. Así se cumplió lo dicho por el profeta.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 12, 14-21

En aquel tiempo, al salir de la sinagoga, los fariseos planearon el modo de acabar con Jesús.

Pero Jesús se enteró, se marchó de allí, y muchos le siguieron. Él los curó a todos, mandándoles que no lo descubrieran.

Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, en quien me complazco. Sobre él pondré mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, nadie escuchará su voz por las calles.

La caña cascada no la quebrará, la mecha vacilante no lo apagará, hasta llevar el derecho a la victoria; en su nombre esperarán las naciones».

1ª lectura: He escuchado tu plegaria y visto tus lágrimas.

Lectura del libro de Isaías 38, 1-6. 21-22. 7-8

En aquellos días, el rey Ezequías enfermo mortalmente.

El profeta Isaías, hijo de Amós, vino a decirle:

«Esto dice el Señor: “Pon orden en tu casa, porque vas a morir y no vivirás”». Ezequías volvió la cara a la pared y oró al Señor:

«¡Ah, Señor!, recuerda que he caminado ante ti con sinceridad y corazón integro; que he hecho lo que era recto a tus ojos».

Y el rey se deshizo en lágrimas.

Le llegó a Isaías una palabra del Señor en estos términos:

«Ve y di a Ezequías: “Esto dice el Señor, el Dios de tu padre David: He escuchado tu plegaria y visto tus lágrimas. Añadiré otros quince años a tu vida y te libraré, a ti y a esta ciudad, de la mano del rey de Asiria y extenderé mi protección sobre esta ciudad”».

Isaías dijo:

«Que traigan un emplasto de higos y lo apliquen a la llaga, para que se cure».

Ezequías dijo:

«¿Cuál es la prueba de que podré subir a la casa del Señor?». Respondió Isaías:

«La señal que el Señor te envía de que cumplirá lo prometido será esta:

Haré retroceder diez gradas la sombra en la escalera de Ajaz, que se había alargado por efecto del sol».

Y el sol retrocedió las diez gradas que había avanzado sobre la escalera.

Salmo: Salmo Is 38, 10. 11. 12abcd. 16bcd

R. Tú, Señor, detuviste mi alma para que no pereciese.

Yo pensé: «En medio de mis días
tengo que marchar hacia las puertas del abismo;
me privan del resto de mis años». R.

Yo pensé: «Ya no veré más al Señor
en tierra de los vivos,
ya no miraré a los hombres
entre los habitantes del mundo». R.

Levantan y enrollan mi vida
como una tienda de pastores.
Como un tejedor, devanaba yo mi vida,
y me cortan la trama. R.

¡Señor, en ti espera mi corazón!,
que se reanime mi espíritu;
Me has curado, me has hecho revivir. R.

Aleluya Jn 10, 27

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Mis ovejas escuchan mi voz - dice el Señor -,
y yo las conozco, y ellas me siguen. R.

Evangelio: El Hijo del hombre es señor del sábado.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 12, 1-8

En aquel tiempo, atravesó Jesús en sábado un sembrado; los discípulos, que tenían hambre, empezaron a arrancar espigas y a comérselas.

Los fariseos, al verlo, le dijeron:

«Mira, tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado». Les replicó:

«¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios y comieron de los panes de la proposición, cosa que no les estaba permitida ni a él ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes.

¿Y no habéis leído en la Ley que los sacerdotes pueden violar el sábado en el templo sin incurrir en culpa? Pues os digo que aquí hay uno que es más que el templo.

Si comprendierais lo que significa “quiero misericordia y no sacrificio”, no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es señor del sábado».

1ª lectura: Despertarán jubilosos los que habitan en el polvo.

Lectura del libro de Isaías 26, 7-9. 12. 16-19

La senda del justo es recta. Tú allanas el sendero del justo; en la senda de tus juicios, Señor, te esperamos, ansiando tu nombre y tu recuerdo.

Mi alma te ansia de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti, porque tus juicios son luz de la tierra, y aprenden la justicia los habitantes del orbe.

Señor, tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas tú. Señor, en la angustia acudieron a ti, susurraban plegarias cuando los castigaste.

Como la embarazada cuando le llega el parto se retuerce y grita de dolor, así estábamos en tu presencia, Señor: concebimos, nos retorcimos, dimos a luz... viento; nada hicimos por salvar el país, ni nacieron habitantes en el mundo.

¡Revivirán tus muertos, resurgirán nuestros cadáveres, despertarán jubilosos los que habitan en el polvo! Pues rocío de luz es tu rocío, que harás caer sobre la tierra de las sombras.

Salmo: Sal 101, 13-14 y 15.16-18. 19-21

R. El Señor desde el cielo se ha fijado en la tierra.

Tú permaneces para siempre,
y tu nombre de generación en generación.
Levántate y ten misericordia de Sión,
que ya es hora y tiempo de misericordia.
Tus siervos aman sus piedras,
se compadecen de sus ruinas. R.

Los gentiles temerán tu nombre,
los reyes del mundo, tu gloria.
Cuando el Señor reconstruya Sión,
y aparezca en su gloria,
y se vuelva a las súplicas de los indefensos,
y no desprecie sus peticiones. R.

Quede esto escrito para la generación futura,
y el pueblo que será creado alabará al Señor.
Que el Señor ha mirado desde su excelso santuario,
desde el cielo se ha fijado en la tierra,
para escuchar los gemidos de los cautivos
y librar a los condenados a muerte. R.

Aleluya Mt 11, 28

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados
- dice el Señor -, y yo os aliviaré. R.

Evangelio: Soy manso y humilde de corazón.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 28-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

1ª lectura: ¿Se enorgullece el hacha contra quien corta con ella?

Lectura del libro de Isaías 10, 5-7. 13-16

Esto dice el Señor:

«¡Ay Asiria, vara de mi ira!

¡Mi furor es bastón entre sus manos!

Lo envío contra una nación impía, lo mando contra el pueblo que provoca mi cólera, para saquearlo y despojarlo, para hollarlo como barro de las calles.

Pero él no lo entiende así, no es eso lo que piensa en su corazón, sino exterminar, aniquilar naciones numerosas.

Porque se decía: “Con la fuerza de mi mano lo he hecho, con mi saber, porque soy inteligente.

He borrado las fronteras de las naciones, he saqueado sus tesoros y, como un héroe, he destronado a sus señores.

Mi mano ha alcanzado a las riquezas de los pueblos, como si fueran un nido; corno quien recoge huevos abandonados, recogí toda su tierra. Ninguno batió el ala, ninguno abrió el pico para piar”.

¿Se enorgullece el hacha contra quien corta con ella?

¿Se gloria la sierra contra quien la mueve?

¡Como si el bastón moviera a quien lo sostiene, o la vara sostuviera a quien no es de madera!

Por eso, el Señor, Dios del universo, debilitará a los hombres vigorosos y bajo su esplendor encenderá un fuego abrasador».

Salmo: Sal 93, 5-6. 7-8. 9-10. 14-15

R. El Señor no rechaza a su pueblo.

Trituran, Señor, a tu pueblo,
oprimen a tu heredad;
asesinan a viudas y forasteros,
degüellan a los huérfanos. R.

Y comentan: «Dios no lo ve,
el Dios de Jacob no se entera».
Enteraos, los más necios del pueblo,
ignorantes, ¿cuándo discurriréis? R.

El que plantó el oído ¿no va a oír?
El que formó el ojo ¿no va a ver?
El que educa a los pueblos ¿no va a castigar?
El que instruye al hombre ¿no va a saber? R.

Porque el Señor no rechaza a su pueblo,
ni abandona su heredad:
el justo retornará a la justicia
y la seguirán todos los rectos de corazón. R.

Aleluya Cf. Mt 11, 25

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.

Evangelio: Has escondido estas cosas a los sabios y se las has revelado a los pequeños.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-27

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:

«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

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