Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de la Liturgia de hoy Jesús da a sus discípulos algunas indicaciones fundamentales de vida. El Señor se refiere a las situaciones más difíciles, las que constituyen para nosotros el banco de pruebas, las que nos ponen frente a quien es nuestro enemigo y hostil, a quien busca siempre hacernos mal. En estos casos el discípulo de Jesús está llamado a no ceder al instinto y al odio, sino a ir más allá, mucho más allá. Ir más allá del instinto, ir más allá del odio. Jesús dice: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien» (Lc 6,27). Y aún más concreto: «Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra» (v. 29). Cuando nosotros escuchamos esto, nos parece que el Señor pide lo imposible. Y además ¿por qué amar a los enemigos? Si no se reacciona a los prepotentes, todo abuso tiene vía libre, y esto no es justo. ¿Pero es realmente así? ¿Realmente el Señor nos pide cosas imposibles, incluso injustas? ¿Es así?
Consideremos en primer lugar ese sentido de injusticia que advertimos en el “poner la otra mejilla”. Y pensemos en Jesús. Durante la pasión, en su injusto proceso delante del sumo sacerdote, en un momento dado recibe una bofetada por parte de uno de los guardias. ¿Y Él cómo se comporta? No lo insulta, no, dice al guardia: «Si he hablado mal, declara lo que está mal; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?» (Jn 18,23). Pide cuentas del mal recibido. Poner la otra mejilla no significa sufrir en silencio, ceder a la injusticia. Jesús con su pregunta denuncia lo que es injusto. Pero lo hace sin ira, sin violencia, es más, con gentileza. No quiere desencadenar una discusión, sino desactivar el rencor, esto es importante: apagar juntos el odio y la injusticia, tratando de recuperar al hermano culpable. Esto no es fácil, pero Jesús lo hizo y nos dice que lo hagamos nosotros también. Esto es poner la otra mejilla: la mansedumbre de Jesús es una respuesta más fuerte que el golpe que recibió. Poner la otra mejilla no es el repliegue del perdedor, sino la acción de quien tiene una fuerza interior más grande. Poner la otra mejilla es vencer al mal con el bien, que abre una brecha en el corazón del enemigo, desenmascarando lo absurdo de su odio. Y esta actitud, este poner la otra mejilla, no es dictado por el cálculo o por el odio, sino por el amor. Queridos hermanos y hermanas, es el amor gratuito e inmerecido que recibimos de Jesús el que genera en el corazón un modo de hacer semejante al suyo, que rechaza toda venganza. Nosotros estamos acostumbrados a las venganzas: “Me has hecho esto, yo te haré esto otro”, o a custodiar en el corazón este rencor, rencor que hace daño, destruye la persona.
Vamos a la otra objeción: ¿es posible que una persona llegue a amar a los propios enemigos? Si dependiera solo de nosotros, sería imposible. Pero recordemos que, cuando el Señor pide algo, quiere darlo. El Señor nunca nos pide algo que Él no nos dé antes. Cuando me dice que ame a los enemigos, quiere darme la capacidad de hacerlo. Sin esa capacidad nosotros no podremos, pero Él te dice “ama al enemigo” y te da la capacidad de amar. San Agustín rezaba así —escuchad qué hermosa oración—: Señor, «da lo que mandas y manda lo que quieras» (Confesiones, X, 29.40), porque me lo has dado antes. ¿Qué pedirle? ¿Qué es lo que a Dios le complace darnos? La fuerza de amar, que no es una cosa, sino que es el Espíritu Santo. La fuerza de amar es el Espíritu Santo, y con el Espíritu de Jesús podemos responder al mal con el bien, podemos amar a quien nos hace mal. Así hacen los cristianos. ¡Qué triste es cuando personas y pueblos orgullosos de ser cristianos ven a los otros como enemigos y piensan en hacer guerra! Es muy triste.
Y nosotros, ¿tratamos de vivir las invitaciones de Jesús? Pensemos en una persona que nos ha hecho mal. Cada uno piense en una persona. Es común que hayamos sufrido el mal de alguien, pensemos en esa persona. Quizá hay rencor dentro de nosotros. Entonces, a este rencor acercamos la imagen de Jesús, manso, durante el proceso, después de la bofetada. Y luego pidamos al Espíritu Santo que actúe en nuestro corazón. Finalmente recemos por esa persona: rezar por quien nos ha hecho mal (cfr. Lc 6,28). Nosotros, cuando nos han hecho algún mal, vamos enseguida a contarlo a los otros y nos sentimos víctimas. Parémonos, y recemos al Señor por esa persona, que lo ayude, y así desaparece este sentimiento de rencor. Rezar por quien nos ha tratado mal es lo primero para transformar el mal en bien. La oración. Que la Virgen María nos ayude a ser constructores de paz hacia todos, sobre todo hacia quien es hostil con nosotros y no nos gusta.
Después del Ángelus
¡Queridos hermanos y hermanas!
Expreso mi cercanía a las poblaciones golpeadas en los días pasados por calamidades naturales, pienso en particular en el sudeste de Madagascar, flagelado por una serie de ciclones, y en la zona de Petrópolis en Brasil, devastada por inundaciones y deslizamientos de tierra. El Señor acoja a los difuntos en su paz, consuele a los familiares y sostenga a los que realizan las tareas de rescate.
Hoy es la Jornada nacional del personal sanitario y debemos recordar a muchos médicos, enfermeras y enfermeros, voluntarios, que están cerca de los enfermos, les curan, les hacen sentir mejor, les ayudan. “Nadie se salva solo”, decía el título en el programa “A Sua Immagine” (A su imagen). Nadie se salva solo. Y en la enfermedad nosotros necesitamos que alguien nos salve, que nos ayude. Me decía un médico, esta mañana, que en el tiempo del Covid estaba muriendo una persona y le dijo: “Tómeme de la mano que estoy muriendo y necesito su mano”. El heroico personal sanitario, que hizo ver esta heroicidad en el tiempo del Covid, pero la heroicidad permanece todos los días. ¡A nuestros médicos, enfermeras, enfermeros, voluntarios, un aplauso y un gracias grande!
Os saludo de corazón a todos vosotros, romanos y peregrinos venidos de Italia y de diferentes países.
En particular, saludo a los fieles de Madrid, Segovia, Burgos y Valladolid, en España —¡muchos españoles!—: como también a los de la parroquia Santa Francesca Cabrini de Roma y a los estudiantes del Instituto de los Sagrados Corazones de Barletta.
Saludo y animo al grupo “Proyecto Arca”, que en los días pasados inauguró la propia actividad social en Roma, para ayudar a las personas sin hogar. Y saludo a los jóvenes de la Inmaculada, ¡muy buenos!
A todos os deseo un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el centro del Evangelio de la Liturgia de hoy están las Bienaventuranzas (cf. Lc 6,20-23). Es interesante observar que Jesús, a pesar de estar rodeado de una gran multitud, las proclama volviéndose «hacia sus discípulos» (v. 20). Habla a los discípulos. Las Bienaventuranzas, de hecho, definen la identidad del discípulo de Jesús. Pueden sonar extrañas, casi incomprensibles para quien no es discípulo, pero si nos preguntamos cómo es un discípulo de Jesús, la respuesta es precisamente las Bienaventuranzas. Veamos la primera, que es la base de todas las demás: «Dichosos vosotros, los pobres, porque vuestro es el reino de Dios» (v. 20). Dichosos vosotros, los pobres. Dos cosas dice Jesús de los suyos: que son dichosos y que son pobres; es más, que son dichosos porque son pobres.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de la liturgia de hoy nos lleva a las orillas del Mar de Galilea. La multitud se agolpa en torno a Jesús, mientras algunos pescadores decepcionados, entre ellos Simón Pedro, lavan sus redes después de una noche de pesca que salió mal. Y he aquí que Jesús sube a la barca de Simón; luego lo invita a ir mar adentro y echar de nuevo las redes (cf. Lc 5,1-4). Detengámonos en estas dos acciones de Jesús: primero, sube a la barca y, luego, la segunda, invita a ir mar adentro. Había sido una noche en que las cosas habían salido mal, sin pescados, pero Pedro confía y va mar adentro.
La Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas acogió en la tarde del viernes el funeral que recordó al Arzobispo Castrense de España, Monseñor Juan del Río Martín, fallecido por covid-19 el 28 de enero del año pasado.
Con motivo del primer aniversario del fallecimiento del arzobispo D. Juan del Río Martin, el Seminario Castrense ha querido recordarlo celebrando la Eucaristía por su eterno descanso y pidiendo su intercesión por todo el Arzobispado Castrense, los componentes de las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado y sus familias.
D. Juan Antonio Aznárez Cobo, Arzobispo Castrense electo, tomará posesión de su cargo el domingo en la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas.
Bajo el lema "DAR UN POCO, AYUDA MUCHO" se ha colaborado con una campaña de ayuda a la parroquia de "San Pablo Apóstol" del barrio de las 500 viviendas de la capital de Almería.
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de la liturgia de hoy nos ofrece una hermosa frase, que siempre rezamos al Ángelus y que es la única que revela el significado de la Navidad: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1, 14). Estas palabras, si pensamos en ellas, contienen una paradoja. Reúnen dos realidades opuestas: el Verbo y la carne.
Una vez más la Cáritas Parroquial Castrense de Melilla ha realizado una importante recogida de alimentos de primera necesidad en estas Navidades.
Con motivo de la celebración de Nuestra Señora del Monte Carmelo, en el 125.º aniversario de su patronazgo sobre la Armada, se llevó a cabo la
...Entre los días 9 y 12 de julio ha tenido lugar en Guadarrama el Encuentro Nacional de Delegados de Familia y Vida. Este año, la reflexión ha girado en
...Con motivo del 125 Aniversario de la proclamación de Nuestra Señora la Santísima Virgen del Carmen como Patrona de la Armada, se ha celebrado esta
...CALENDARIO PASTORAL
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