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El pasado viernes 19 de marzo, día de San José, el grupo universitario del Arzobispado Castrense aprovechó el día festivo para organizar una actividad cultural de lo más interesante y enriquecedora en torno a la historia de España.

En esta ocasión, los jóvenes se desplazaron por la mañana hasta El Pardo con el fin de conocer más sobre la Guardia Real y todo lo que le rodea. La visita, organizada por el delegado de Juventud del arzobispado y capellán de la Guardia Real, Iván Cote, comenzó a las 11:00 horas en el cuartel La Reina-Princesa. Allí, el grupo tuvo la oportunidad de conocer los lugares más significativos y sorprendentes de la Guardia Real gracias al teniente Fernando Moreno, que mostró la sala de corazas y explicó a todos los universitarios los detalles más curiosos de esta zona. Acto seguido, el cabo Borja Rodríguez condujo a los jóvenes hasta las cuadras del área de Reina, donde pudieron contemplar a los caballos de raza española de la Guardia, así como los impresionantes caballos hispano-bretones.

SALA DE CORAZASLa visita continuó a media mañana en el cuartel El Rey. La sala de proyecciones acogió la primera parte del recorrido con la emisión de un cortometraje que ilustró al grupo sobre la misión que la Guardia Real realiza en todas sus vertientes. El cabo primero Luis Miguel Sánchez prosiguió con un impresionante recorrido por la Sala Histórica, donde los jóvenes no solo pudieron observar las reliquias que en él habitan, sino que tuvieron la posibilidad de conocer aún más la historia de nuestro país.

El recorrido finalizó en la planta baja, donde se ubican los vehículos de alta representación. En este lugar todos conocieron el coche que utilizaron sus majestades los reyes en su boda, entre otros muchos vehículos que han ocupado un lugar importante en la historia de España y que aún se encuentran en activo gracias a la gran labor de los mecánicos de la Guardia.

La jornada concluyó con un almuerzo particular en común, donde los jóvenes e Iván Cote compartieron un momento de necesitado descanso y fraternal convivencia.

 

 

Premio SABINO FERNÁNDEZ CAMPO

Ayer día 22 de marzo, en el salón de actos del Cuartel General de la Fuerza Terrestre (Capitanía General de Sevilla), presidido por la Ministra de Defensa, tuvo lugar la entrega de los premios  SABINO FERNÁNDEZ CAMPO, siendo galardonados  en esta VIII edición, la "Operación Balmis" y el dibujante José María Nieto.

En dicho acto, se tuvo un especial recuerdo a nuestro querido Arzobispo Don Juan del Río (q.e.d.c), ya que desde el comienzo de estos premios, año tras año ha sido parte de dicho jurado.

La Ministra, después de unas breves palabras, hizo entrega de una placa conmemorativa a la familia, representada por su hermana María Antonia y su sobrino Juan Jesús.

Texto de la Placa: "Premio Sabino Fernández Campo en memoría del Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de España, como miembro del jurado del premio Sabino Fernández Campo.
Sevilla 22 de marzo de 2021"

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La liturgia de este quinto domingo de Cuaresma proclama el Evangelio en el que san Juan relata un episodio que ocurrió en los últimos días de vida de Cristo, poco antes de la Pasión (cf. Jn 12,20-33). Mientras Jesús estaba en Jerusalén para la fiesta de pascua, algunos griegos, llenos de curiosidad por lo que estaba haciendo, expresaron su deseo de verlo. Se acercaron al apóstol Felipe y le dijeron: «Queremos ver a Jesús» (v.21). «Queremos ver a Jesús», recordemos este deseo: «Queremos ver a Jesús». Felipe se lo dice a Andrés y luego juntos van a decírselo al Maestro. En la petición de aquellos griegos podemos ver la súplica que muchos hombres y mujeres,  en todo lugar y tiempo, dirigen a la Iglesia y también a cada uno de nosotros: “Queremos ver a Jesús”.

¿Cómo responde Jesús a esta petición? De un modo que lleva a reflexionar. Dice así: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre […] Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (vv. 23.24). Estas palabras no parecen responder a la petición que habían hecho aquellos griegos. En realidad, van más allá. De hecho, Jesús revela que Él, para todo hombre que quiera buscarlo, es la semilla escondida dispuesta a morir para dar mucho fruto.  Como diciendo: si queréis conocerme, si queréis comprenderme, mirad el grano de trigo que muere en la tierra, es decir, mirad la cruz

Cabe pensar en el signo de la cruz, que a lo largo de los siglos se ha convertido en el emblema por excelencia de los cristianos. Quien también hoy quiere “ver a Jesús”, tal vez proveniente de países y culturas donde el cristianismo es poco conocido, ¿qué ve en primer lugar? ¿Cuál es el signo más común que encuentra? El crucifijo, la cruz. En las iglesias, en los hogares de los cristianos, incluso colgado en el pecho. Lo importante es que el signo sea coherente con el Evangelio: la cruz no puede sino expresar amor, servicio, entrega sin reservas: sólo así es verdaderamente el “árbol de la vida”, de la vida sobreabundante.

También hoy mucha gente, a menudo sin decirlo implícitamente, quisiera “ver a Jesús”, encontrarlo, conocerlo. Esto nos hace comprender la gran responsabilidad de los cristianos y de nuestras comunidades. Nosotros también debemos responder con el testimonio de una vida que se entrega en el servicio, de una vida que toma sobre sí el estilo de Dios —cercanía, compasión y ternura— y se entrega en el servicio. Se trata de sembrar semillas de amor no con palabras que se lleva el viento, sino con ejemplos concretos, sencillos y valientes, no con condenas teóricas, sino con gestos de amor. Entonces el Señor, con su gracia, nos hace fructificar, incluso cuando el terreno es árido por incomprensiones, dificultades o persecuciones, o pretensiones de legalismos o moralismos clericales. Esto es terreno árido. Precisamente entonces, en la prueba y en la soledad, mientras muere la semilla, es el momento en que brota la vida, para dar fruto maduro en su momento. Es en esta trama de muerte y de vida que podemos experimentar la alegría y la verdadera fecundidad del amor, que siempre, repito, se da en el estilo de Dios: cercanía, compasión, ternura.

Que la Virgen María nos ayude a seguir a Jesús, a caminar fuertes y felices por el camino del servicio, para que el amor de Cristo brille en todas nuestras actitudes y se convierta cada vez más en el estilo de nuestra vida diaria.


Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy en Italia se celebra la Jornada de la memoria y el compromiso en recuerdo de las víctimas inocentes de las mafias. Las mafias están presentes en varias partes del mundo y, aprovechando la pandemia, se están enriqueciendo con la corrupción. San Juan Pablo II denunció su “cultura de la muerte” y Benedicto XVI las condenó como “caminos de muerte”. Estas estructuras de pecado, estructuras mafiosas, contrarias al Evangelio de Cristo, cambian la fe por la idolatría. Hoy recordamos a todas las víctimas y renovamos nuestro compromiso contra las mafias.

Mañana es el Día Mundial del Agua, que nos invita a reflexionar sobre el valor de este maravilloso e insustituible regalo de Dios. Para nosotros los creyentes, "hermana agua" no es una mercancía: es un símbolo universal y una fuente de vida y salud. ¡Demasiados hermanos, muchos, muchos hermanos y hermanas tienen acceso a poca agua y quizás contaminada! Es necesario garantizar el agua potable y el saneamiento para todos. Agradezco y animo a quienes, con diferentes competencias y responsabilidades profesionales, trabajan por este objetivo tan importante. Pienso, por ejemplo, en la Universidad del Agua, en mi patria, en quienes trabajan para sacarla adelante y hacer que la gente comprenda la importancia del agua. Muchas gracias a los argentinos que trabajan en esta Universidad del Agua.

Os saludo a todos los que estáis conectados a través de los medios de comunicación, con un recuerdo especial para los enfermos y las personas solas. Deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

 

La Capilla de Camposoto Rehabilitada

El pasado 5 de marzo se dieron por finalizadas las obras de rehabilitación de la Capilla del Acuartelamiento de Camposoto.

Gracias al empeño del Capellán, el Reverendo Padre Don Rafael Vivar Castellanos, y del General Ruiz Sumalla, hace algo más de seis meses comenzaron mencionadas obras de recuperación, que se han acometido en tres fases:

PRIMERA FASE. -   Instalación de techumbre, sellado de grietas y fortalecimiento de los cimientos.

SEGUNDA FASE. - Apertura de puerta lateral, instalación de mármol en la solería del altar y ábside, pintura interior y exterior y recuperación de elementos de forja.

TERCERA FASE. -   Jardines exteriores, construcción de un porche de entrada y habilita del baptisterio.

Asimismo, se ha dotado a la Capilla de ornamentos nuevos, un juego de cáliz, copón y patena y un nuevo Sagrario a consecuencia del empeño personal del General Ruiz Sumalla. Desde estas líneas, damos gracias a Dios por todos los beneficios espirituales y materiales que dispensa sobre nuestro Acuartelamiento.

Inmaculada Rivas Selvático

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Cáritas Castrense del Cuartel General del Aire-Getafe ha donado leche infantil y comida para celiacos para la población del Sector de Marjayoun (Líbano) zona donde está desplegado el contingente militar español de “cascos azules”.

El envío fue entregado por el páter de la unidad militar española, D. Antonio Sánchez Olmos, a la asistente social de la Cáritas de la parroquia de S. Jorge de Kleyya, Dña. Jacquelin Hockayen y del Director de Cáritas del Sector de Marjayoun.

En la actualidad el contingente español desplegado en Líbano está compuesto en la mayor parte por personal de la Brigada “Guadarrama XII” de El Goloso (Madrid)

Esta donación es una muestra del trabajo desarrollado por Cáritas Castrense no solo en beneficio de los componentes de las Fuerzas Armadas y Cuerpo de Seguridad del Estado en España, también realiza campañas en favor de la población local en zonas cercanas a los contingentes militares desplegados más allá de nuestras fronteras.

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Peregrinación a la tumba de San Pedro

En este mes de marzo, los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado destinados en Roma, en las embajadas ante la Santa Sede y ante el Estado Italiano, acompañados por sus capellanes, tuvieron la gran oportunidad de celebrar la Santa Misa en la Capilla Clementina, el corazón de la Basílica Vaticana.

Esta particular peregrinación ha sido una experiencia extraordinaria, caminar hacia el corazón de la "Piedra" que sostiene la Iglesia, donde entre los estrechos pasillos se pueden contemplar la historia de los primeros cristianos en Roma, pero, sobre todo, lo más maravilloso es poder estar de frente a la tumba del príncipe de los apóstoles, celebrando el Misterio de nuestra Fe.

La Capilla Clementina se encuentra bajo el Baldaquino de Bernini, bajo la grandiosa cúpula de Miguel Ángel en la Basílica de San Pedro. La capilla, fue enterrada por mandato del Emperador Constantino alrededor del año 318, cuando mandó construir la Antigua Basílica y permaneció enterrada hasta el papa Clemente VIII, quien ordenó su decoración para su propia tumba. Así permaneció oculta la tumba de S.Pedro hasta el año 1939, cuando unos trabajadores excavaban los cimientos para la tumba del fallecido Papa Pío XI, después el Papa Pío XII (1939-1958) ordenó toda la excavación y en el radiomensaje de Navidad de 1950, afirmó: «Hemos encontrado la tumba de San Pedro».

Recordemos que alrededor del año 65, San Pedro fue martirizado en el circo de Nerón, fue crucificado cabeza abajo por petición propia, ya que se consideraba indigno de morir como murió Cristo, y después fue sepultado en la necrópolis cerca del circo, en la ladera de la colina vaticana, situada al oeste del río Tíber, en una sepultura protegida por un templete, denominado el “Trofeo de Gaio”.

Después de celebrar la Eucaristía, se visitó la basílica de San Pedro y las grutas vaticanas donde reposan los restos de los sucesores de Pedro. Con una breve explicación de ambos lugares, seguidamente hubo un café en el cual se pudo compartir la experiencia inolvidable. En todo momento, se cumplieron las medidas relacionadas con la COVID-19.  

Estos encuentros se enmarcan dentro del deseo de hacer realidad la pastoral castrense y en concreto, la labor pastoral de los capellanes, que no es otra que el servicio a todos aquellos que se encuentren destinados tanto dentro, como fuera de nuestras fronteras.

La experiencia fue muy positiva, creándose un clima de confraternización y amistad. Se espera poder tener otros encuentros a lo largo del año.

Preces Vocacionales

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Queridos sacerdotes y seminaristas:

Celebramos durante todo este curso un Año jubilar dedicado a la figura de san José, teniendo como guía y marco la carta apostólica Patris corde del papa Francisco. Los obispos de la Comisión Episcopal para el Clero y los Seminarios queremos que la festividad de san José, patrón de los Seminarios y modelo para los sacerdotes, tenga una relevancia especial. Este año más si cabe, dadas las circunstancias tan atípicas que la humanidad entera está afrontando, como consecuencia de la pandemia que asola a todas las comunidades, especialmente entre los más pobres.

En estos momentos, la búsqueda de consuelo y orientación que anida en el corazón de cada hijo de la familia humana se convierte en un clamor que resuena en el corazón de la Iglesia Madre y que nosotros, como sacerdotes y vocacionados, tenemos la misión de elevar a Dios en nuestra plegaria litúrgica y personal. En nuestro ánimo de pastores, también nosotros vivimos momentos de oscuridad e incertidumbre. Por eso debemos confiar con especial intensidad en la intercesión de San José, que afrontó las dificultades de la vida con la humildad, la inteligencia y la valentía que brotan de un «corazón de padre», como nos ha recordado el Papa Francisco. Que  él aliente el ánimo y renueve la esperanza teologal en el corazón de todos vosotros, presbíteros y seminaristas, especialmente encomendados a su patronazgo y discreta protección.

Necesitamos, en efecto, que los Seminarios fijen los ojos en el modelo de san José, para seguir aprendiendo de su pedagogía. Como el hogar de Nazaret, donde María gesta en su seno al Hijo de Dios y José lo educa paternalmente, preparando juntos su misión, el Seminario es el hogar donde se gesta y educa la misión del futuro presbiterio, al servicio de la Iglesia diocesana. El Seminario es realmente un presbiterio en gestación. Así, la presencia discreta y atenta de san José en cada comunidad formativa, al lado de María y en estrecha colaboración con el misterio de su maternidad, alentará nuestros esfuerzos por ofrecer a la Iglesia y al mundo los pastores misioneros según el corazón de Dios, que tanto necesita.

Queremos destacar tres rasgos de la pedagogía paterna de san José, e invitaros a meditar sobre ellos, para iluminar con su ayuda la educación y la renovación interior de la vocación que hemos recibido como sacerdotes en continua formación o en formación inicial.

  • San José asume, en primer lugar, la misión de actuar como representante de la paternidad de Dios. Respecto a Jesús, él ejerció una paternidad de representación, una paternidad de adopción. Pero, en el fondo, esta es la verdadera realización de la paternidad como imagen del único Padre, que es Dios. Por eso, cuando Jesús nos exhorta diciendo: «No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo» (Mt 23, 9), está reconociendo el altísimo valor de la paternidad de José, que fue en todo momento una pura transparencia y representación de la paternidad de Dios. Para nosotros, sacerdotes, ser padres debe significar representar al Padre celestial entre los hombres, adoptándolos como hijos y dándoles la firmeza que proviene de la fe en el Padre del Cielo.

El Seminario, tiempo de formación inicial de los futuros presbíteros, debe ser el lugar donde aprendemos el sentido del sacrificio de José, y nos eduquemos en la entrega total que conlleva vivir nuestra paternidad personal como testimonio de la única paternidad divina, garante de la humanidad del hombre. Aprendiendo a renunciar a toda posesión -del tipo que sea- sobre nuestros futuros “hijos”, respecto a nuestra labor pastoral, desde una paternidad espiritual que engendre libertades y despierte a todos a una vida plena, de entrega consciente, libre y alegre.

  • En segundo lugar, José desarrolla heroicamente sus cualidades vocacionales, especialmente la valentía, la humildad y la discreción, para proteger la vida de María y del futuro Mesías, en medio de un ambiente hostil. De huida en huida, de Belén a Egipto y de Egipto a Nazaret, José será emigrante y peregrino, y trabajará en la gestación de la misión futura de Jesús, haciendo todo lo posible por alejar de su familia la amenaza de la violencia y de la muerte, renunciando a toda comodidad y brillo personales, para valorar el anonimato, el escondimiento y la callada siembra a largo plazo. También nosotros, sacerdotes, debemos discernir los caminos pastorales de la siembra evangelizadora y huir de los peligros que se esconden en lo que el Papa Francisco ha venido en llamar la mundanidad espiritual.

El Seminario tendrá que ser, según el modelo de san José, la escuela de formación inicial en la que se enseñe el arte del discernimiento y la humildad, profundizando en el significado último de las cosas, en el valor del trabajo compartido con los hombres en la vida real, y con el corazón siempre abierto a crecer en el amor, en una peregrinación continua. Sin dejar morir la pasión misionera ni dejarse instalar en una vida individualista, acomodada y aferrada al presente, que busca tan solo sobrevivir, o protegerse con mil cosas para no tener que entregar la vida en el trabajo paciente de cada jornada. Nuestra misión es siempre ser ‘co-presbíteros’ en el cuerpo del presbiterio diocesano (1 Pe 5, 1), y el discernimiento comunitario debe abrirnos al amor y la confianza en Dios, y a la comunión con los hermanos sacerdotes y con las comunidades a las que se nos envía para servir.

  • Por último, José ejercerá también con gran sabiduría su labor pedagógica imprescindible como preparador inmediato de la misión pública de Jesús. En efecto, después de la etapa en la que el niño aprende de la madre el amor a la Palabra de Dios, a la oración y a una vida virtuosa, el adolescente y el joven pasa a los brazos del padre para aprender un oficio y habilitarse para la vida adulta. La providencia ha puesto a san José junto a Jesús para que aquel cuya humanidad habrá de ser ungida por el Espíritu Santo se habilite humana y espiritualmente, y desarrolle su capacidad de entrar en relación con las familias de los hijos de los hombres, tejiendo relaciones de corazón a corazón, en la misericordia ofrecida y la lucidez del amor maduro. Estas relaciones, bajo el aprendizaje de José, deben ser el fundamento de nuestra misión eclesial como presbíteros. Los apóstoles, enviados por Jesús, desde su relación de amistad con el Maestro, transmitieron con fidelidad su palabra, de persona a persona y de corazón a corazón, sembrando el Evangelio y la vida cristiana en las naciones evangelizadas que formarán la gran familia que es la Iglesia, siempre en salida y siempre en misión.

El Seminario debe dejarse marcar también por la herencia de san José, como preparador de la misión de Jesús y de la Iglesia. Los futuros sacerdotes, apóstoles de Jesús, con corazón misericordioso, deben entrar en el corazón de las casas, estar cerca de las personas, de los sufrimientos y las alegrías del Pueblo de Dios, para consolar y restablecer las relaciones de libertad y de amor que construyen la Iglesia, evitando y curando el mal de nuestro tiempo caracterizado por una regresión al individualismo, que dificulta la transmisión del Evangelio.

            Cuando estamos sufriendo el dolor y el cansancio de la pandemia, frente a la tentación de la caída en el desánimo y la desesperanza en nuestra vocación sacerdotal y nuestra entrega pastoral, se hace más urgente aún la reconstrucción del tejido evangelizador eclesial y la cercanía a todos. Y por ello debemos contar con la poderosa intercesión de María “madre de la esperanza” y dejando que José sea para nosotros el “padre de la memoria espiritual” y el ejemplo para nuestra dedicación a los hermanos.

Pedimos a santa María, Madre de los sacerdotes y de los seminaristas, que disponga nuestro espíritu para que colaboremos en la obra de la salvación. Que san José nos dé un corazón como el suyo, entregado a servir a Jesucristo, el Verbo Encarnado, y obtenga para todos los pastores la bendición del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

¡Bendito seas san José,
testigo de la entrega de Dios en la tierra.
Bendito sea el Padre Eterno que te escogió.
Bendito sea el Hijo que te amó
y el Espíritu Santo que te santificó.
Bendita sea María que te amó!

Marzo de 2021

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Este cuarto domingo de Cuaresma la liturgia eucarística comienza con esta invitación: «Alégrate, Jerusalén...». (cf. Is 66,10). ¿Cuál es el motivo de esta alegría? En plena Cuaresma, ¿cuál es el motivo de esta alegría? Nos lo dice el evangelio de hoy: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). Este mensaje gozoso es el núcleo de la fe cristiana: el amor de Dios llega a la cumbre en el don del Hijo a una humanidad débil y pecadora. Nos ha entregado a su Hijo, a nosotros, a todos nosotros.

Es lo que se desprende del diálogo nocturno entre Jesús y Nicodemo, una parte del cual está descrita en la misma página evangélica (cf. Jn 3,14-21). Nicodemo, como todo miembro del pueblo de Israel, esperaba al Mesías, y lo identificaba con un hombre fuerte que juzgaría al mundo con poder. Jesús pone en crisis esta expectativa presentándose bajo tres aspectos: el del Hijo del hombre exaltado en la cruz; el del Hijo de Dios enviado al mundo para la salvación; y el de la luz que distingue a los que siguen la verdad de los que siguen la mentira. Veamos estos tres aspectos: Hijo del hombre, Hijo de Dios y luz.

Jesús se presenta en primer lugar como el Hijo del Hombre (vv. 14-15). El texto alude al relato de la serpiente de bronce (cf. Nm 21,4-9), que, por voluntad de Dios, fue levantada por Moisés en el desierto cuando el pueblo fue atacado por serpientes venenosas; el que había sido mordido y miraba la serpiente de bronce se curaba. Del mismo modo, Jesús fue levantado en la cruz y los que creen en Él son curados del pecado y viven.

El segundo aspecto es el del Hijo de Dios (vv. 16-18). Dios Padre ama a los hombres hasta el punto de “dar” a su Hijo: lo dio en la Encarnación y lo dio al entregarlo a la muerte. La finalidad del don de Dios es la vida eterna de los hombres: en efecto, Dios envía a su Hijo al mundo no para condenarlo, sino para que el mundo se salve por medio de Jesús. La misión de Jesús es misión de salvación, de salvación para todos.

El tercer nombre que Jesús se atribuye es “luz” (vv. 19-21). El Evangelio dice: «Vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz» (v. 19). La venida de Jesús al mundo determina una elección: quien elige las tinieblas va al encuentro de un juicio de condenación, quien elige la luz tendrá un juicio de salvación. El juicio es siempre la consecuencia de la libre elección de cada uno: quien practica el mal busca las tinieblas, el mal siempre se esconde, se cubre. Quien hace la verdad, es decir, practica el bien, llega a la luz, ilumina los caminos de la vida. Quien camina en la luz, quien se acerca a la luz, no puede por menos que hacer buenas obras. La luz nos lleva a hacer buenas obras. Es lo que estamos llamados a hacer con mayor empeño durante la Cuaresma: acoger la luz en nuestra conciencia, para abrir nuestros corazones al amor infinito de Dios, a su misericordia llena de ternura y bondad. No olvidéis que Dios perdona siempre, siempre, si nosotros con humildad pedimos el perdón. Basta con pedir perdón y Él perdona. Así encontraremos el gozo verdadero y podremos alegrarnos del perdón de Dios que regenera y da vida.

Que María Santísima nos ayude a no tener miedo de dejarnos “poner en crisis” por Jesús. Es una crisis saludable, para nuestra curación; para que nuestra alegría sea plena.


Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas

Hace diez años comenzaba el sangriento conflicto de Siria, que ha provocado una de las mayores catástrofes humanitarias de nuestro tiempo: un número indeterminado de muertos y heridos, millones de refugiados, miles de desaparecidos, destrucción, violencia de todo tipo y un inmenso sufrimiento para toda la población, especialmente la más vulnerable, como niños, mujeres y ancianos. Renuevo mi más encarecido llamamiento a las partes en conflicto para que den muestras de buena voluntad, a fin de que se abra un rayo de esperanza para la población extenuada. Espero igualmente un compromiso decidido y renovado, constructivo y solidario, por parte de la comunidad internacional, para que, depuestas las armas, se pueda restablecer el tejido social y comenzar la reconstrucción y la recuperación económica. Pidamos todos al Señor para que no se olvide tanto sufrimiento en la amada y atormentada Siria y para que nuestra solidaridad reavive la esperanza. Recemos juntos por la amada y atormentada Siria. Ave María...

El próximo viernes 19 de marzo, solemnidad de San José, se abre el Año de la Familia Amoris Laetitia: un año especial para crecer en el amor familiar. Invito a un renovado y creativo impulso pastoral para poner a la familia en el centro de la atención de la Iglesia y de la sociedad. Rezo para que cada familia sienta en su propia casa la presencia viva de la Sagrada Familia de Nazaret, que llene nuestras pequeñas comunidades domésticas de amor sincero y generoso, fuente de alegría incluso en las pruebas y dificultades.

Saludo a los chicos y chicas del equipo Basket-for-All, acompañados por sus familias y sus entrenadores, presentes hoy en la Plaza. ¡Muy buenos! Seguid así.

Os saludo cordialmente a todos, queridos fieles de Roma y queridos peregrinos. Y, en particular, saludo a los numerosos filipinos que celebran el 500º aniversario de la evangelización de Filipinas. Felicidades. ¡Y adelante con la alegría del Evangelio!

Deseo a todos un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.

 

Cuando se cumple el aniversario de la declaración del estado de alarma a causa del impacto de la Covid-19 en nuestro país, Cáritas Española rinde cuentas de cuál ha sido su respuesta en estos meses a los graves efectos sociales de la pandemia.

En una rueda de prensa en la que han intervenido el presidente y la secretaria general de Cáritas, Manuel Bretón y Natalia Peiro, junto al coordinador del Equipo de Estudios, Raúl Flores, se ha presentado un informe con datos detallados sobre las acciones desarrolladas desde marzo de 2020 por el conjunto de las 70 Cáritas Diocesanas del país.

Además de rendir un reconocimiento al profundo dolor por las pérdidas humanas que sigue causado el coronavirus en el conjunto de la sociedad española y, como parte de ella, en la familia Cáritas y en su amplia base social, el informe pone el foco en los hitos de la actividad llevada a cabo para auxiliar a las personas y familias en situación más vulnerable. Los datos no sólo se refieren al trabajo dentro de nuestras fronteras, sino que amplía su mirada hacia el apoyo que Cáritas Española viene dando a las demandas de ayuda de muchas Cáritas hermanas de países empobrecidos golpadas por esta emergencia global.

La respuesta de Cáritas en España

Como ha señalado Natalia Peiro, “desde que comenzó la crisis sanitaria y las restricciones a la movilidad, el empeoramiento en las condiciones de vida de la población se sintió muy rápidamente en nuestra red estatal de recursos de acogida y asistencia”. “Sólo en los primeros meses de la pandemia —afirmó— las demandas de ayuda que recibieron en toda España las Cáritas se incrementaron un 57% y hubo períodos y determinados espacios territoriales en los que muchas Cáritas vieron cómo se triplicaban las solicitudes de ayuda”.

En términos absolutos, esta crisis ha provocado que en torno a 500.000 personas hayan llamado por primera vez a las puertas de Cáritas o hayan acudido después de mucho tiempo sin necesitarlo. De hecho, durante esta crisis, una de cada tres personas (33%) es nueva o hacía más de un año que no acudía buscando ayuda. Un 26% de quienes han recurrido a Cáritas a causa de esta crisis lo hacen por primera vez.

Cáritas ha centrado la respuesta a la Covid en tres aspectos concretos:

– Mantener el apoyo a las familias con las que ya se estaba trabajando, y cuya situación se ha agravado con esta crisis.

– Acompañar a las familias que acuden por primera vez a causa de la precariedad sobrevenida ante esta realidad.

– Adaptar la acción de voluntarios y contratados a la nueva situación impuesta por el distanciamiento social para garantizar el acompañamiento a las personas que demandan el apoyo de Cáritas.

“Cáritas –indicó la secretaria general— tuvo que reinventar sus itinerarios de acompañamiento a causa de la pandemia. Muchas actividades, al menos en la primera fase, fueron necesariamente suspendidas o aplazadas, como las acciones presenciales de formación, las visitas domiciliarias, o los trabajos y dinámicas con grupos. En algunos recursos donde la presencia física era estrictamente necesaria, las mayores dificultades vinieron por la ausencia de equipos de protección y por la falta de personal”.

La pandemia “nos ha lanzado a activar un Acompañamiento 2.0 basado en la multiplicación de la escucha telefónica y el uso de aplicaciones digitales de conexión, el apoyo escolar o las clases de español telemáticas, el recurso a transferencias económicas para sustituir las ayudas en especie o la recepción on line de documentación”, añadió.

Para afrontar la vulnerabilidad de las familias agravada o sobrevenida por la crisis, Cáritas ha tratado de asegurar un seguimiento en el acompañamiento personalizado, incorporando medidas de prevención y seguridad, y, durante las semanas de confinamiento, garantizar este acompañamiento a través de teléfono y canales digitales; acompañar a personas solas, enfermos y mayores; avanzar en la dignificación del derecho a la alimentación, fomentando el uso de tarjetas solidarias; y el apoyo en el propio domicilio.

Explosión de solidaridad

Más allá del compromiso de las personas voluntarias y contratadas durante la pandemia, la respuesta de Cáritas a las necesidades de esta emergencia está siendo posible gracias a la movilización social y a la explosión de solidaridad que la sociedad española mostró desde el inicio, y que se ha manifestado de manera muy intensa desde el lanzamiento, el 14 de marzo de 2020, de la campaña “Cáritas ante el Coronavirus”.

Esta corriente de solidaridad se ha traducido para el conjunto las 70 Cáritas Diocesanas de toda España en el apoyo de 70.666 donantes, cuyas aportaciones han sumado 65 millones de euros.

De estos fondos, 34,5 millones de euros provienen de 67.094 donantes particulares y 30,3 millones de un total 3.572 empresas e instituciones. Asimismo, de los 65 millones de recaudación, 6,5 millones han sido donaciones en especie.

En palabras de Natalia Peiro, “Cáritas tiene sobradas razones para el agradecimiento por este apoyo masivo a nuestra misión y la confianza que demuestra hacia nuestra capacidad de respuesta a los efectos de la pandemia en las familias más vulnerables, porque la solidaridad de tantos donantes y colaboradores nos ha permitido seguir estando cerca de las personas más desfavorecidas en un contexto de emergencia sanitaria”.

Recursos invertidos

En términos de inversión económica a las necesidades de la pandemia, la Confederación Cáritas en España ha movilizado estas partidas económicas:

– 41.163.068 euros a ayudas directas, que han permitido a las familias acompañadas cubrir en parte necesidades tan básicas como la alimentación, la higiene, los gastos de vivienda o de suministros.

– 991.963 euros a material sanitario y de protección, tanto para las familias atendidas como para nuestro personal y para los centros y dispositivos de atención directa.

– 1.014.634 euros para la contratación de personal de refuerzo para aquellos proyectos que se han visto desbordados.

– 3.307.160 euros de apoyo a la infancia. Dentro de este capítulo se ha dado respuestas a las necesidades especiales de familias con niños, niñas y adolescentes, donde junto a las demandas materiales básicas (añadidas a las que ya existían con anterioridad a causa de la pérdida de muchos empleos), surgen otras derivadas de la gestión a distancia del curso escolar, como son la necesidad de equipos y acceso a internet, o de apoyo escolar a distancia, por ejemplo.

– 2.444.290 euros para atender las necesidades de la acción internacional. Cáritas Española ha apoyado un total de 65 proyectos, que ha sido respaldada con fondos aportados por más de la mitad de las Cáritas Diocesanas de nuestro país.

El Impacto de la pandemia en las personas excluidas

Durante la rueda de prensa se aportaron datos sobre los efectos que la Covid está teniendo en las personas en situación de exclusión social. Como recordó Raúl Flores, esta emergencia social y sanitaria “está teniendo un grave impacto sobre ese 18,4% de la población en España (8,5 millones de personas) que, según datos del VIII Informe FOESSA (2019) se encontraba en situación de exclusión social. Y de ellos, más de 4 millones de personas estaban en situación de exclusión social severa”.

En ese mismo año, Cáritas acompañaba ya a más de 1,4 millones de personas dentro de toda España y a 1 millón más en los países empobrecidos.

“Es en este contexto donde se declara la pandemia –explicó—, cuyas consecuencias han sido especialmente graves para quienes ya se encontraban en situación de vulnerabilidad y que se ha traducido en un incremento de la brecha social”.

Según datos del último informe del Observatorio de la Realidad social de Cáritas Española aportados por el coordinador de Estudios en su intervención y que describe la realidad a fecha de febrero pasado, 258.000 personas acompañada por Cáritas viven en hogares que no cuentan con ningún ingreso económico; es decir, son 75.000 personas más que antes del comienzo de esta crisis. Esto se traduce en que más de 825.000 personas acompañadas por Cáritas están en situación de pobreza severa, es decir, con ingresos inferiores a 370 € al mes para un hogar unipersonal o a 776 € para hogares formados por dos adultos y dos niños.

Asimismo, alrededor de 700.000 personas viven en hogares que no pueden hacer frente a los gastos de suministros de su vivienda, es decir, no pueden calentarse adecuadamente o no pueden encender la luz siempre que lo necesitan. El 16% de las familias (cerca de 77.000) se han visto obligadas a cambiar de residencia para disminuir los gastos. Para casi el 45% de los hogares atendidos por Cáritas afrontar los gastos derivados de la vivienda suponen una grave dificultad.

Un impacto especial en las familias con menores, en los mayores solos y las personas sin hogar

En el informe presentado hoy, se constata cómo el confinamiento potenció la desigualdad tecnológica y agudizó la brecha digital, que se convierte en un factor exclusógeno, es decir, es consecuencia y a la vez causa de la exclusión social. El 52% de las familias acompañadas por Cáritas están en una situación de cierto apagón tecnológico al no contar con conexión ilimitada, dispositivo o competencias suficientes para manejarse en internet.

Uno de los ámbitos en los que se identifica claramente la brecha digital como motor de la exclusión es el ámbito educativo, pues más del 60% de hogares en los que hay, al menos, un menor de edad que tuvo dificultades para terminar el curso, son hogares en los que no hay plena conectividad.

La soledad ha sido otra de los dramas impuestos por la pandemia. Aunque esta no es una realidad nueva, la situación de aislamiento físico a la que se han visto sometidas muchas personas mayores, claramente la endurece. La vulnerabilidad social evidenciada en esta crisis también pone de manifiesto los escasos recursos que existen para favorecer los cuidados en los domicilios, lo que propicia mayor desprotección en las personas mayores y en quienes las cuidan, ya sean empleadas o familiares.

En Cáritas, antes de la pandemia contaba ya con 29 centros residenciales, 12 centros de día, 2 casas hogar, 4 pisos tutelados, más de 4 unidades de convivencia y/o apartamentos acompañados. Además, la Confederación cuenta con 30 programas de acompañamiento en el domicilio, tanto en zonas urbanas como rurales. En conjunto, supone un total de más 7.000 personas mayores acompañadas por Cáritas. Gracias a la colaboración de muchas personas, se ha podido incrementar notablemente en todos estos meses el número de mayores acompañados, hasta llegar a casi 11.000 en estos momentos.

El impacto que de la Covid ha sido, también, tremendamente costoso para las personas que carecen de un hogar donde poder refugiarse, cuidarse o pasar el confinamiento inicial, una carencia que, si ya aumenta su vulnerabilidad de forma general, se ha visto agravada durante la pandemia al dificultarse –o imposibilitarse— el acceso a espacios de higiene y/o aislamiento. Dormir en la calle o permanecer en alojamientos temporales o de emergencia ha expuesto, además, a un alto riesgo de transmisión del virus a las personas sin hogar, una población ya de por sí de alto riesgo médico, que en muchas ocasiones se ven desproporcionalmente afectados por problemas añadidos de salud y/o discapacidad.

La pandemia ha obligado a diversificar la respuesta a las necesidades de estas personas para, entre otras medidas, adaptar los recursos de acogida y alojamiento, y dotarlos de mayor flexibilidad horaria; adecuar y rehabilitar espacios para acoger a las personas sin hogar y sin vivienda en condiciones de seguridad, como seminarios o pisos vacíos; conciertos a nivel local con hoteles y pensiones para garantizar un alojamiento adecuado a personas en situación de calle; o ayudas económicas y de alquiler, hipotecas, suministros u otros de manera preventiva y enfocadas al mantenimiento de la vivienda.

Gracias a todas estas actuaciones, si antes de que comenzara la crisis en Cáritas, a través de diferentes tipos de proyectos, se atendía en torno a 40.000 personas en situación de sin hogar, durante la pandemia se han creado 13 nuevos centros y más de 1.400 nuevas plazas para personas sin hogar.

El impacto de la crisis en los países empobrecidos

La crisis sanitaria de la COVID-19 está siendo, también, una crisis inédita a nivel global, que está dejando profundas huellas y que ha afectado de manera desigual a comunidades, países y regiones.

Desde la cercanía y proximidad a las Iglesias locales, Cáritas conoce de primera mano el impacto presente y futuro que la crisis sanitaria, económica y política derivada de la pandemia está ocasionando en los países más empobrecidos, donde millones de personas que carecen de acceso a sanidad, ni a agua potable, ni a medidas de protección, ni a las vacunas están viendo multiplicadas sus condiciones de precariedad ante esta emergencia. Esta crisis está suponiendo dramáticas cifras de contagio y la pérdida de millones de vidas en los diferentes continentes y regiones de este planeta.

Cáritas alerta especialmente de la realidad de las personas migrantes y refugiadas. En muchos lugares se está aprovechando esta crisis para recrudecer los controles, limitar el acceso y aumentar las violaciones de derechos humanos de las personas en situación de movilidad humana en nombre de la prevención de la pandemia.

En el informe se denuncia, de forma concreta, la realidad de sobresaturación que se vive en los centros de acogida en la frontera Este de Europa; las extremas condiciones de vida de las personas roynghas en los campos de refugiados de Cox Bazaar, en Bangladesh; la crisis humanitaria que viven los desplazados internos en la región del Sahel; la situación de millones de venezolanos en los países vecinos (Ecuador, Perú y Brasil, especialmente); o la dramática emergencia alimentaria de los pueblos centroamericanos, agudizada por el impacto de los huracanes Eta y Lota por la región.

Otra realidad agravada con el impacto del virus es la de los pueblos amazónicos, cuya situación previa de vulneración de derechos no ha hecho más que empeorar a causa de la pandemia: invasión de territorios indígenas, expolio de los recursos naturales de forma descontrolada por parte de empresas extractivas legales e ilegales, dificultad de acceso a la salud y al agua segura, o medidas de protección adecuadas a su situación.

Esta situación generalizada de desventaja de los países del Sur ante el coronavirus se está poniendo también de manifiesto con el acceso a las vacunas. Si vacunar a los que más lo necesitan en España y Europa es todo un desafío, en las realidades internacionales que acompaña Cáritas las dificultades se multiplican para cumplir ese objetivo ante limitaciones como la disponibilidad, la logística, la capacidad de compra, la eventual producción local y el reajuste de los mensajes sobre lo que es realmente la pandemia.

Cáritas secunda, en este reto, el llamamiento del Papa Francisco a que la Iglesia sea corresponsable en las estrategias de vacunación, especialmente en el continente africano donde la Iglesia católica tiene una red sólida y bastante extendida de salud y reconocida.

Impacto en el voluntariado

Los recursos humanos de Cáritas no han sido ajenos a esta crisis, muy especialmente en las más de sus 80.000 personas voluntarias, sobre todo si se tiene en cuenta que una parte importante tiene más de 65 años y, por tanto, parte de uno de los grupos de riesgo ante el virus. Esto ha supuesto una reducción significativa del voluntariado activo, que, por obvias medidas de aislamiento y autoprotección, se vio reducido a un 39% durante el confinamiento y a un 63% en estos momentos.

Las personas voluntarias que se han mantenido activas han tenido que adaptarse a la nueva realidad para poder estar al servicio de las familias atendidas. Esto ha provocado que el 36% del voluntariado de Cáritas haya cambiado su actividad principal durante la pandemia para asumir trabajos más urgentes y puntuales.

Y una vez que se tuvo claro cómo poder recibir a las personas en las parroquias respetando las medidas de higiene y distanciamiento social, se han adaptado los lugares de acogida para poder atender con seguridad a quienes han seguido acudiendo a Cáritas. Esto ha permitido recuperar un 24% del voluntariado que, por su propia seguridad, tuvo que permanecer inactivo durante el confinamiento.

Al mismo tiempo, en este período ha sido muchas las personas que se han ofrecido a Cáritas para colaborar como voluntarios. Fruto de ello ha sido que más de 6.000 personas se hayan incorporado al voluntariado de Cáritas, un refuerzo esencial que, junto con la coordinación con otras entidades sociales y, cuando ha sido posible, con los servicios de las Administraciones públicas, ha sido clave para sumar fuerzas y organizar la ayuda.

Agradecimiento de Manuel Bretón

El presidente de Cáritas quiso cerrar el turno de intervenciones de la rueda de prensa con unas emotivas palabras de “agradecimiento a nuestros voluntarios los que han estado al pie del cañón en las parroquias y proyectos o en la atención telefónica, o a aquellos que tuvieron que retirarse, como medida de prudencia, y desde sus hogares nos han mantenido con su oración; un agradecimiento que hago extensivo a nuestros trabajadores incondicionales y entregados en jornadas interminables”.

“Queremos dar las gracias –afirmó Manuel Bretón— a nuestros donantes particulares y empresas comprometidas con nuestro trabajo, gracias a las parroquias y centros diocesanos, a las congregaciones religiosas y a nuestros obispos, que han puesto a disposición de las Cáritas los recursos de las Diócesis”.

“Y gracias al conjunto de la sociedad que, en momentos de tanta zozobra, de tensión e incertidumbre ha acudido a paliar el dolor de los que más sufrían confiando en el trabajo de Cáritas”.

“Esto, sin embargo, no ha llegado a su fin, ya que las consecuencias económicas van a dejarse notar durante mucho tiempo, especialmente entre las personas más débiles y en situación más precaria. También entonces nos tendrán a su lado, mitigando su sufrimiento y ayudándoles a reclamar sus derechos, una misión para la que también necesitaremos el apoyo de toda la sociedad”,

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