El Arzobispo, M. Juan del Rio, centró su homilía sobre las diferentes miradas de Jesús. Iniciando desde la mirada de compasión hacia Judas que le traiciona o a los guardianes que le apresan. La mirada de misericordia a el primer apóstol; Pedro, que le provoca las lágrimas y la conversión, a Pilatos una mirada sincera, aquel quiso quedar bien con todos y provocando todo lo contrario. Una mirada silenciosa ante el agresor injusto para a continuación provocar una mirada tierna a las mujeres que comprende el dolor y a las que les contesta: No lloréis por Mí, llorad por vosotros y vuestros hijos. Y una mirada de pena aquellos que gritaron Crucifícalo, Crucifícalo, terminando en el Gólgota alzando los ojos al cielo, a Dios Padre le dijo: "Todo está cumplido, todo está hecho según Tu voluntad" no fue una espiración vana. La mirada del Hijo al Padre es una mirada a toda la humanidad dando el perdón y todos estamos representados porque no muere en la soledad, muere haciendo el bien. Hay que preguntarse: ¿En cuál de estas miradas te sitúas tu representado?
Como en otras ocasiones los encargados de llevar la Liturgia fueron el Rector y los alumnos del Seminario Castrense. Así mismo, fueron los encargados de llevar a cabo la Hora Santa en la madrugada del Jueves Santo y el Vía Crucis que tuvo lugar en la Catedral a las 12.00 de la mañana del Viernes Santo.

