El féretro, cubierto con la bandera nacional, entró en el templo portado por sus compañeros sacerdotes para significar, desde el primer momento, que era un sacerdote por el que ofrecíamos la Santa Misa. Al inicio se impuso sobre el ataúd la casulla y el evangeliario.
En la homilía Mons. Juan del Río agradeció la presencia del obispo local y de tantos sacerdotes de la diócesis que vio nacer en la fe a don Carlos y responder a la llamada al sacerdocio; de esta manera se estaba visualizando la comunión de su diócesis de procedencia y de la diócesis castrense en la que estaba desarrollando su ministerio, en el fondo la única Iglesia de Cristo. A continuación, dando una palabra de esperanza a sus familiares y a todos los presentes, invitó a recordar a don Carlos con su humanidad, que refleja a Dios hecho hombre; su servicio, siempre desde su ser sacerdotal, acompañando con humor y simpatía a quienes le rodeaban y finalmente su presencia a través de los medios actuales, especialmente su popular blog “buenos días” que llegaba a tantos hogares y compañeros de las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado y que era un espacio de evangelización.
La Eucaristía terminó con el canto de la Salve Marinera recordando sus diecisiete años sirviendo en la Armada en varios destinos y frecuentes navegaciones.
El féretro, portado por militares, fue desplazado fuera del templo a los acordes de la “La muerte no es el final”. Para ser conducido a su entierro en su pueblo natal de Sueves en las afueras de Santiago.

