Estuvo expuesto el Santísimo, durante toda la celebración.
Tras la proclamación de la Palabra de Dios, la homilía y las preces, continuamos rezando por la paz, en el mundo, pues era el motivo central de nuestra oración. Nos acordamos y pedimos por todos nuestros soldados, que cuidan de la paz, en tantos lugares y países.
Acudieron muchos Adoradores y la música nos ayudó a crear un clima de oración y adoración. Quien quiso, pudo acercarse al Sacramento de la Penitencia, pues había dos sacerdotes confesando.
Presidió el párroco castrense de Baleares, el Pater Manuel Redondo Moreno, que, tras la primera hora de adoración y oración, fue enviando, de dos en dos, a los voluntarios que quisieron salir, por las calles cercanas, para invitar a visitar al Santísimo.
La experiencia fue muy gratificante. Entraron más de cuarenta personas, que pusieron una vela encendida, junto con su plegaria particular, escrita en un papel, ante Jesús sacramentado.
La celebración terminó, con el testimonio público, de los que habían salido a evangelizar. Todos la vivieron como una gracia del Señor, incluso cuando algunos de los invitados, no quiso entrar al templo.
Con el canto agradecido a nuestra Madre, María, todos salimos, con el gozo reconfortante del Señor, que nos permitió acompañarle durante esas dos horas y media.
¡Alabado sea Jesús, en el santísimo sacramento del altar!

