San Juan nació en 1386 en una familia acomodada de la corte de Luis I de Nápoles, en Capistrano, recóndito pueblo de la bellísima diócesis de Sulmona, en el Abruzzo. Después de ser jurista y estar casado abandonó el mundo y se hizo sacerdote de la orden franciscana. Predicador incansable, recorrió toda Europa llevando la fe cristiana con humildad y fervor. Y su doble dimensión como humanista y como evangelizador le hizo un modelo pastoral para los capellanes militares. Por una parte, porque desarrolló tareas diplomáticas en la convulsa Europa de su tiempo, siendo mediador regio y papal en numerosos conflictos que logró resolver desde la diplomacia. Son testigos de esta fecunda labor, que evitó guerras entre los reinos cristianos, los franciscanos y el cuerpo diplomático. Anticipándose a los padres fundadores de la Unión Europea (Schuman, Adenauer, De Gasperi), predicó una Europa en paz que superase sus dificultades y egoísmos, sus guerras y dramas, para desde su unión evitar nuevas guerras e iluminar con los valores cristianos de Occidente los nuevos países descubiertos, el orbe entero.
Es un ejemplo de santidad por su entrega a sus militares cuando, caída Constantinopla y después de avanzar el Imperio otomano para conquistar Hungría, animó a sus militares en la batalla del sitio de Belgrado. Con una inferioridad numérica de uno a cuatro, en los instantes críticos para el ejército cristiano, empuñando una bandera con una cruz en el fragor más peligroso del combate, lideró a sus soldados al grito de «¡Jesús, Jesús, Jesús!». Su heroicidad admirable enardeció a lo sitiados cristianos quienes, tras rechazar la artillería y las cargas de turcos y jenízaros, provocaron su retirada. Poco después, contagiado de la peste que se había propagado por Belgrado, murió con mansedumbre y paz a los 70 años de edad.
Alberto Gatón Lasheras
Capellán castrense

