A la misa han asistido, entre otras autoridades, los Jefes de Estado Mayor del Ejército de Tierra y del Ejército del Aire, Jefe del Cuarto Militar de Su Majestad el Rey. Así como representantes de las Fuerzas Armadas, Guardia Civil y Policía Hacional.
TEXTO CLAVE DE LA HOMILÍA EN LA FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR
S. I. Catedral Castrense, Madrid, 13 de enero de 2019
Is. 42,1-4.6-7; Sal 28; Hech 10,34-38; Lc 3,15-16.21-22.
1. El Señor bendice a su pueblo con la paz (Sal 28).
Como viene siendo habitual la comunidad castrense española, por razones pastorales, celebramos en la solemnidad del Bautismo del Señor, la Jornada Mundial de la Paz del uno de Enero. El lema que el Papa Francisco ha elegido para este año es “La buena política está al servicio de la paz”. En su mensaje, el Santo Padre, partiendo del episodio en el que Señor Jesús envía a sus discípulos con la misión de ofrecer su Paz a todos los de la casa (Lc 10,5-6), plantea el desafío de la buena política, las necesarias virtudes humanas que deben brillar en los hombres y mujeres que se dedican a la “cosa pública”, (honestidad, lealtad, respeto mutuo…), ello será ilustrado con el texto del Cardenal van Thuan, fallecido en el 2002, titulado Las bienaventuranzas del político.
Hay que recuperar la nobleza de la profesión política porque en ello se juega el futuro las sociedades libres. Así, los hombres y mujeres que se dedican a los asuntos públicos de sus conciudadanos, han de buscar el interés del bien común, antes que sus propios intereses o los del partido, alejar los vicios de la corrupción, de la suplantación del derecho, de la violencia a los más débiles. Nunca será justificable poner en peligro la concordia social por alcanzar las metas ideológicas de unos pocos. “La unidad está por encima del conflicto. La buena política está al servicio de la paz; ha de respetar y promover los derechos humanos fundamentales…la participación de los jóvenes y la confianza en los demás”.
En esta misma línea, hace unos días, en su discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, el Papa Francisco recordaba los elementos esenciales que conducen a la paz: el primado de la justicia y el derecho; la defensa de los más débiles, ser puentes entre los pueblos, repensar nuestra relación con el planeta.
2. A nuestros militares, guardias civiles y policías les implica de lleno este 52 mensaje de la paz. Son a ellos como “centinelas de la paz” y como “ángeles urbanos”, a los primeros que les repercuten las decisiones de una Política al servicio de la paz. Porque por vocación y profesión tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional Por eso, como signo de apoyo, afecto y agradecimiento, celebramos la Eucaristía Solemne por nuestras Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
La Constitución española ha cumplido 40 años de su promulgación, en este periodo de tiempo, los españoles hemos gozado de concordia y prosperidad. Las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado son un pilar fundamental de esta sociedad, ellas no son frías instituciones alejadas de los problemas de cada día sino que están compuestas por hombres y mujeres que a pesar de su gran afán de servicio y entrega, también son seres humanos y tienen sus necesidades personales que necesitan de la ayuda divina y de nuestra oración.
Igualmente, pedimos en esta Eucaristía por “los soldados de todos los tiempos, encuadrados en los Ejércitos de España, que un día lucharon con valor, sirvieron con lealtad y murieron con honor”. Asimismo por los capellanes castrenses fallecidos en este año, de manera especial a D. Carlos Avelino Recarey García y D. Manuel Gómez Rivera, que murieron inesperadamente cuando servían pastoralmente a nuestros militares. Vayan para estos sacerdotes nuestro agradecimiento y reconocimiento en el Señor.
3. La Palabra de Dios que se acaba de proclamar, nos presenta en la primera lectura a un personaje misterioso que es el siervo doliente, ungido por Yahvé para que traiga a la tierra la justicia y el derecho entre las naciones. No estamos ante una mera figura literaria, sino en la revelación del modo de actuar de Dios en la historia. El aparece como el hijo preferido de Yahvé portando en sí, prerrogativas reales, proféticas y sacerdotales del ser divino. Como enviado del Padre, no sigue los cánones de los embajadores de los poderes de este mundo, sino que realizará su misión salvífica por el sendero de la debilidad, humildad y mansedumbre. De tal manera, que la mecha vacilante no la apagará, la caña cascada no la romperá. No utilizará los métodos habituales del griterío y el voceo por las calles, sino que la suavidad y dulzura de su presencia, provocara la liberación de los ciegos, de los cautivos, de los que habitan en las tinieblas. Sí, la ternura es el primer paso para la paz ¡
4. Miremos a ese siervo que nos presenta el profeta Isaías y nos encontraremos con Jesús de Nazaret que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. Por eso los primeros cristianos reconocieron desde el acontecimiento de la Muerte y Resurrección de Cristo, que “desear la paz”, es dar a conocer a Jesucristo. Pues bien, esa es la labor que lleva este Arzobispado Castrense de España entre nuestros militares: proclamando, enseñando, celebrando y testimoniando la fe en Jesucristo. Porque la milicia requiere una espiritualidad que de sentido pleno a los valores castrenses de servicio y entrega a la Patria. Porque como dice Benedicto XVI, “el militar cristiano está llamado a realizar una síntesis mediante la cual sea posible ser también militar por amor, cumpliendo el ministerium pacis inter arma”.
Para ayudar a estos “servidores de la paz” se requiere la presencia del capellán castrense, cuya función la describe muy bien Francisco: “Los militares y sus familiares requieren una atención pastoral específica, un desvelo que les permita percibir la cercanía maternal de la Iglesia. La función del capellán castrense consiste en acompañarlos y apoyarlos en su camino, siendo para todos una presencia consoladora y fraterna. Vosotros podéis derramar sobre las heridas de estas personas el bálsamo de la Palabra de Dios, que alivia los dolores e infunde esperanza; y podéis ofrecerles la gracia de la Eucaristía y de la Reconciliación, que alimenta y regenera el alma afligida” Hoy como ayer, necesitamos sacerdotes que quieran presentar este servicio tan de frontera, personal, itinerante y samaritano. Necesitamos jóvenes que con la debida madurez humana y de fe deseen entrar en nuestro Seminario Castrense donde ya desde los años de formación se van preparando para esta misión pastoral tan singular en la Iglesia.
5. Toda vocación específica en la Iglesia tiene la fuente y origen en el Bautismo, es en el desarrollo de los compromisos bautismales como cada cristiano encuentra su sitio en la Iglesia. Jesús de Nazaret, antes de comenzar su vida pública realiza un acto programático recogido por los Evangelios. Estando predicando Juan el Bautista un bautismo penitencial, Jesús se pone en la cola de los pecadores, “El que siendo de condición divina”, sin pecado alguno, se hace uno de tantos manifestando su solidaridad con aquellos que sufren la esclavitud del pecado. Y en ese bautismo general, Cristo es consagrado como el “hijo ungido y preferido de Dios” que anunciaba Isaías, y el Espíritu Santo, en forma de “paloma”, testifica que Él es el “Príncipe de la paz”. “Dios con nosotros”.
Desde aquel entonces, cada discípulo de Jesús recibe mediante las aguas bautismales y la fe, la vida misma de Cristo que ha de reproducir su imagen en el mundo, mediante las buenas obras de cada día, de esta manera los hombres sabrán que Dios existe, que nos ama y quiere nuestra salvación. “Jesucristo no ha venido al mundo, para condenar al mundo, sino que el mundo se salve por Él” (Jn 3,17).
Ahora bien, “La vida cristiana, que nace del bautismo en el Señor Jesús, es un combate permanente. Se requiere fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio” (Francisco, Gaudate et Exsultate, 158). Para ello, contamos con la gracia divina que nos precede y nos acompaña y con los auxilios espirituales de la Iglesia. No os canséis de hacer el “bien” queridos militares, guardias civiles y policías, vuestra santificación como “hijos de Dios que sois”, está en “Las ocupaciones de cada día, allí donde uno se encuentra” (GE 14). ¡No es imposible ser santos en medio de las armas! Vuestro cometido es ser “artesanos de la paz”. ¡Animo!
+Juan del Río Martín
Arzobispo Castrense de España

