Al igual que en los actos militares como juras o conmemoraciones del arma se honra a las familias, también en la periferia de la vejez nuestros compañeros retirados de la actividad militar están presentes en el ejemplo de su sacrificio y generosidad, en la sabiduría de su experiencia, en la luz de sus ideales, en el testimonio de su entrega a la patria a la que un día como jóvenes cadetes y guardias marina, alumnos suboficiales, soldados y marineros, juraron defender.
En la mediocridad de la sociedad occidental, la identidad cristiana se custodia en la herencia espiritual de nuestros viejos soldados. Ya no montan guardias en garitas y puestos de mando de unidades, barcos y cuarteles. Ni despliegan efectivos para cumplir la misión encomendada. No comparten tertulias en desiertos de arena o de olas, bajo las estrellas y el sol, en las tempestades del invierno y los días de primavera. Pero sus ideales de patriotismo y espiritualidad cristiana perviven en los militares de hoy, alientan su vocación de servicio a España y orientan su entrega a la defensa de nuestro pueblo, ideales encarnados en las distintas asociaciones y hermandades de veteranos de nuestras Fuerzas Armadas.
Con la satisfacción del deber cumplido, nuestros viejos soldados se han debido retirar de la primera línea de combate. Mas no han ido a las trincheras de la comodidad, sino que luchan por los valores cristianos en otro campo de batalla, el de las tradiciones y el humanismo cristiano en la sociedad española. Con palabras del Papa Francisco en su discurso a las familias del mundo en 2013, «son la sabiduría de la familia, la sabiduría de un pueblo. Y un pueblo que no escucha a los abuelos, es un pueblo que muere». En nuestros viejos soldados, la vida de nuestra patria.
Alberto Gatón Lasheras
Capellán castrense

