En medio de un ambiente festivo y de sana rivalidad, siete equipos compitieron por auparse con el galardón de vencedor.
La pugna fue muy reñida y emocionante hasta el último momento, pues la limitación de tiempo y de ingredientes aumentaron las dificultades a superar por nuestros cocineros y pinches.
Un equipo de controladores vigiló atentamente el respeto a las normas establecidas y su integridad quedó a salvo, rechazando cualquier intento de “soborno” en forma de exquisitas tapas que se le ofrecieron.
¿Y qué decir de los jueces? Su imparcialidad fue absoluta, emitiendo sus votaciones sin tener identificados a los platos de prueba con los artífices.
Su deliberación se prolongó durante muchos minutos, intentando dilucidar qué paella era la mejor en sabor, textura, color, presentación…
Hasta que por fin hubo un equipo vencedor: precisamente el que iba representando a la Cáritas Parroquial (insistimos, no hubo tongo).
A cambio de un pequeño donativo, entregado a la CPC al finalizar el concurso, los asistentes pudieron degustar de un generoso plato de arroz, acompañado de una ensalada por gentileza del Club.
En resumen, un día en el que los dos objetivos principales se consiguieron: pasar un rato divertido y ayudar a los proyectos de Cáritas Castrense.
Desde aquí queremos hacer llegar nuestro inmenso agradecimiento al director del Club “Los Mondragones” y a su vocal de actividades sociales por el entusiasmo, cariño y horas de esfuerzo en promover esta actividad. Y, por supuesto, a los participantes en la confección de las paellas, que tan desinteresadamente colaboraron con su saber culinario en esta magnífica jornada.

