Los actos comenzaron en la calle San Agustín, a los pies de la cruz del antiguo convento agustino, donde el sacerdote de la parroquia de San José, Don Manuel R. Lorenzo, dedicó unas palabras a los presentes y rezó por los fallecidos de estas dos comunidades. Una representación del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, formada por el concejal de Infraestructura y planificación territorial, y también responsable del distrito Centro Ifara, Juan Ramón Lazcano, la concejala de Igualdad, Empleo y Participación Ciudadana Ana Delia Hernández y la concejala Claudia Reverón Cabrera, también realizaron una locución.
Tras hacer una ofrenda floral, y la ya tradicional salva de fusilería efectuada por la Asociación Histórico-Cultural Gesta del 25 de julio, daría comienzo la romería.
Esta fue amenizada por una agrupación folclórica, y finalizó en el Museo
de Almeyda, donde comenzó la Eucaristía en honor al Santísimo Cristo de Paso Alto. La misa fue oficiada por el páter encargado de la plaza de Tenerife, Don Marcos J. Albertos Albertos y por el sacerdote Don Manuel R. Lorenzo. En su homilía, nuestro páter nos alentó a que no nos dejáramos morder por las serpientes que nos encontramos a lo largo de nuestras vidas, refiriéndose a la lectura que habíamos escuchado anteriormente. También nos aseguró que el mejor antídoto contra esas mordeduras de serpientes, que verdaderamente son el poder, la codicia, el egoísmo y la marginación era Jesucristo, el Hijo de Dios, que vino no a condenarnos sino a salvarnos, que vino solo por amor.
Dicha Eucaristía fue cantada por el grupo musical Achamán, un grupo que interpreta música popular canaria de gran renombre y prestigio en las islas.
Antes de finalizar la misa, el personal del Museo Militar de Almeyda hizo entrega a el párroco de San José y al presidente de la Asociación sociocultural Peña del Lunes 1965, de una copia del cuadro del Santísimo Cristo de Paso Alto en miniatura, en agradecimiento por su colaboración en estos años que se ha retomado esta Romería.
Como conclusión del acto, los asistentes pudieron reunirse en el comedor del Museo y disfrutar de un huevo duro y un vaso de vino, como manda una antigua tradición artillera.

