"En algunos continentes hay conflictos no denunciados que escapan al control institucional de las organizaciones internacionales y donde las mujeres son botín de guerra". La tarjeta decía. Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, quien ayer, en Roma, en el 5º curso internacional de capacitación para capellanes militares católicos sobre derecho internacional humanitario. "Hace cuatro años, cuando el Papa me envió a dar una palabra de consuelo a los cristianos que habían sido expulsados de la llanura de Nínive por ISIS, vi una situación en la que todos los hombres habían sido asesinados. Solo quedaban las mujeres, el botín de la guerra y los niños que podían ser educados ideológicamente para actuar como guerrilleros". El cardenal lo recordó como "un tormento, un dolor, un sufrimiento". "Queda una herida de la humanidad que no se puede cerrar". Después de haber considerado a los capellanes militares como un "símbolo de la humanidad en contextos de conflicto", el prefecto de la Congregación del Vaticano alentó a "estudiar y profundizar en todas sus implicaciones e implicaciones" el tema de la privación de la libertad personal. Y contó otra experiencia más vivida en África, donde "vi una fotografía de algunos hechos militares". "No fue solo un asesinato, sino la destrucción de los cadáveres, la profanación de los muertos. Una cosa terrible una vez le entregué estas fotos al Santo Padre. Le dije: 'Piénselo antes de verlas porque no va a dormir en tres días’ ".

