Como otras veces se cocinaron dos paellas, la clásica y la de arroz negro, ambas buenísimas, a las que se sumaron unos callos a la gallega que no desmerecían del conjunto. Lo difícil era decidir el plato a elegir. Y no había reenganche porque la afluencia de vecinos fue muy alta.
En esta sociedad que nos ha tocado vivir nos obliga a luchar contra dos tipos de pobreza, la económica y la de carencia de compañía. Y en estos actos no solo se consiguen donativos, el día era frío y desapacible pero el ambiente de camaradería, de buena vecindad, calentaba el ánimo.
Nuestra más profunda gratitud, primero a nuestro párroco que se desvive por todos, y también a los que colaboran para que todo salga tan bien……..y tan rico
Inmaculada Delgado

