La alegría, la ilusión, el entusiasmo, la emoción y el agradecimiento quedaron reflejados en los rostros de estos dos jóvenes. Tanto la celebración de la Eucaristía, como el ágape que se hizo después, se celebró con ese toque de fraternidad, gozo, normalidad y buen hacer que caracterizan cada momento que se vive en compañía de Dios.

