Inmersos en la celebración del centenario del Patronazgo de Nuestra Señora de Loreto recibíamos con alegría, el día de la Asunción, la noticia que daba Monseñor Fabio Dal Cin, Arzobispo Delegado Pontificio de Loreto, anunciando la decisión Pontificia de prorrogar hasta el 10 de diciembre de 2021 el Jubileo Lauretano.
Un tiempo de gracia para profundizar, aún más, en la figura de la Virgen María como icono de Dios.
Éste es el motivo por el que hemos dedicado los tres días de nuestra celebración para venerarla y para ahondar en el papel que desempeñó y desempeña en la Historia de la Salvación, en la historia de cada uno de nosotros.
Desde Nazaret a Jerusalén, en la Resurrección y en la venida del Espíritu Santo la vida de Nuestra Señora ha sido un camino constante de fe en Dios. Su respuesta a la llamada del Altísimo es vocación de servicio fundamentada en la obediencia y en la fidelidad a Dios que exige una conversión continua para llevar a cabo la misión encomendada.
También nosotros estamos invitados, al igual que la Virgen María, a obedecer y a ser fieles a Dios desde nuestra vocación. Volvamos la mirada a Dios y tomemos a Nuestra Señora como ejemplo en su capacidad orante y contemplativa para que el Misterio de Dios anide en nuestro corazón y se haga realidad en nuestra vida.
Como dijo el escritor y aviador católico francés Saint Exupery en su libro El Principito: "Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos".

