Los padres mercedarios recibieron con fraternidad a estos grupos, entre los que se encontraban algunos jóvenes permanentes de la comunidad de Taizé, cuya relación con esta Basílica viene de lejos gracias a la acogida que recibieron durante la JMJ de Madrid.

Alrededor de 200 personas, entre los que se encontraban jóvenes y adultos, se reunieron en torno a esta celebración. Muchos de ellos peregrinos asiduos de Taízé. Incluso participó una comunidad de origen africano que ya conocía la acogida de esta comunidad.
La Vigilia se vivió en un buen ambiente, donde hubo tiempo para la reflexión, el silencio y la serenidad, pero también para los cantos del coro de Taizé, que amenizó esta Vigilia de Pentecostés. Todo ello gracias al ambiente generado por la iluminación tenue, la decoración de color naranja y las velas que portaban todos los participantes en la celebración.

