En un ambiente de gozo y de agradecimiento se desarrolló la celebración, en la que nuestro Vicario nos recordó las características que marcaron el día de Pentecostés con la efusión del Espíritu Santo: valentía y alegría. Y nos interpeló con un interrogante: ¿cómo fue posible que un grupo de hombres insignificantes, social, política y religiosamente hablando, fueron capaces de cambiar la historia de la humanidad? Sólo cabe una respuesta, que Dios transformó y renovó el corazón de aquellos hombres, con el don del Espíritu Santo.
Y volvió a interpelarnos nuestro Vicario con una segunda pregunta; ante un mundo marcado por un secularismo que lo impregna todo, ¿cómo podemos responder los creyentes de nuestro tiempo, a este mundo que ni se plantea ni se cuestiona por Dios? La respuesta la encontramos en Pentecostés: pidiendo los dones del Espíritu y dejarnos transformar por El, para que con alegría y coraje seamos testigos de nuestra fe. Y ahi encontremos la verdadera felicidad, ésa que nuestra sociedad no ofrece, y que sólo Dios da a los que se encuentran con Él.
Felicidades a los nuevos confirmandos y a sus padrinos de confirmación.

