La misa fue presidida por el Capellán castrense D. Juan Carlos Pinto Suárez, en su homilía explicó la importancia de la Cuaresma en la vida de los cristianos, y lo que representa el símbolo de hacer la señal de la cruz en la cabeza con la ceniza. Estas cenizas se elaboran a partir de la quema de los ramos del Domingo de Ramos del año anterior, y son bendecidas y colocadas sobre la cabeza de los fieles como signo de la caducidad de la condición humana; como signo penitencial, ya usado desde el Antiguo Testamento; y como signo de conversión, que debe ser la nota dominante durante toda la Cuaresma.
Numerosos fieles quisieron signarse con la ceniza, para recordar que son frágiles, que son finitos, y que es Cristo quien vive en ellos. El prefacio de la Liturgia eucarística decía: tú has querido que te diésemos gracias mediante la abstinencia, para que nosotros, pecadores, dominásemos con ella nuestro orgullo e imitásemos tu generosidad dando de comer a los necesitados. Un prefacio, que claramente tiene una única lectura, y es la renuncia de las cosas, los bienes, las situaciones que nos atan, y no nos dejan libres, siempre en bien de otro hermano; pues dicha renuncia, siempre hará bien al prójimo.

