El santo crisma es una mezcla de aceite de oliva y bálsamo. El bálsamo, que es una resina aromática, se vierte en el aceite, y así le confiere un olor dulce cuya finalidad es recordar a los fieles el «olor de santidad» al que están llamados quienes son marcados con él.
En el ritual, el obispo sopla sobre el recipiente que contiene el crisma, gesto que simboliza al Espíritu Santo que desciende para consagrar el óleo, y recuerda la acción de Jesús que se narra en el evangelio de san Juan (Jn 20,22) cuando sopló sobre los apóstoles y dijo: «Recibid el Espíritu Santo...». También los sacerdotes que concelebran extienden las manos hacia el vaso que contiene el crisma y rezan en silencio la oración de consagración elegida, mientras el obispo la pronuncia en voz alta sobre el crisma.
El santo crisma se usa para la unción de los nuevos bautizados que expresa su entrada en el pueblo de Dios y para la signación de los que reciben la confirmación.
Además, se usa para ungir las manos de los presbíteros al recibir el sacramento del orden sacerdotal y, en el caso de los obispos, sus cabezas al recibir la ordenación episcopal. También se utiliza en el ritual de la consagración de templos o altares.
La Misa Crismal es una de las celebraciones más solemnes e importantes del calendario litúrgico. Con ella da comienzo la celebración de la Semana Santa en nuestra Iglesia Catedral que culmina en los días del Triduo Pascual, cuando conmemoraremos la Pasión, Muerte y la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

