Un día, estos 3 jóvenes solicitaron ser instruidos en la fe cristiana, para conocer, discernir y profundizar en el misterio de Dios en la vida de los hombres; y que ello les permitiese ser admitidos a la condición de hijos de Dios por el don del Bautismo. Los otros 28 caballeros y damas cadetes, un día fueron bautizados con la promesa de ser educados en la fe; aquel compromiso de sus padres y padrinos, fue asumido por el servicio religioso de la Academia, y tras un período catecumenal en el que se les instruyó en la verdad de la Fe, en la alegría y el consuelo de la Esperanza y en el ardor de la Caridad, nos ha permitido compartir con ellos la emoción y el entusiasmo agradecido de recibir el don sagrado del Espíritu Santo.
En la homilía, nuestro arzobispo les invitó a ser asiduos en la escucha diaria de la Palabra de Dios; a compartir con sus compañeros la alegría de la fe y a confiar en el Espíritu Santo, porque Él es el Paráclito (“el que está a tu lado” para consolarte, guiarte, enseñarte, defenderte). Les encomendó a los catecúmenos y confirmandos, a abrir sus corazones a la “gran Verdad”: ¡Dios te ama, tal y como eres!
Y citando el libro del Apocalipsis, en su versículo 20 del capítulo 3, interpeló a los jóvenes allí presentes a ser valientes en la escucha de la propuesta del Señor; “porque Dios está tocando en la puerta de nuestros corazones, para entrar en nuestras casas y sentarnos a nuestra mesa, y compartir con cada uno el misterio de la Vida”.
Damos gracias a Dios por el don de su Espíritu que sigue asistiendo y guiando el corazón de los creyentes, y rezamos para que estos jóvenes sean valientes y audaces en la vivencia de la fe y en el ejercicio de su vocación como servidores de nuestra Patria.

