El oficio fue celebrado por el Arzobispo Castrense, Don Juan del Río Martín, concelebrado por el rector del Seminario Castrense, y acolitado por los seminaristas.
Las lecturas escogidas sabiamente para esta celebración, Joel 2, 12-18; salmo 50, 3-6. 12-14. 17 y 2 Corintios 5, 20-6,2 recuerdan el sentido de penitencia, conversión y arrepentimiento de los pecados; y el Evangelio Mt 6, 1-6. 16-18. recuerda como debe ser la penitencia, la oración y el ayuno agradable a Dios.
El Arzobispo comenzó la homilía diciendo «El Señor es bueno y compasivo, cuando parece que la maldad crece en el mundo, y que se agota la caridad, el amor y las buenas obras; no se agota en el corazón de Dios, siempre nos da una oportunidad», «Solo la soberbia de la maldad, hace que se pierda el horizonte básico que es la fragilidad humana». En todo momento manifestó que la cuaresma es una terapia y una pedagogía pues nos invita a la conversión, y a través del trípode fundamental de la oración, el ayuno y la limosna, podemos hacer que el bien crezca en nuestro corazón.
Tras la homilía, se procedió a la bendición e imposición de la ceniza a los fieles, siempre recordando y proclamando las frases extraídas de las Santas Escrituras: “Convertios y creed en el Evangelio” Mc 1, 15. y “Acuerdate que polvo eres y en polvo te convertiras” Gn 3, 19.
Numerosos fieles quisieron signarse con la ceniza, para recordar que son frágiles, que son finitos, y que es Cristo quien vive en ellos.
El prefacio de la Liturgia eucarística decía: tú has querido que te diésemos gracias mediante la abstinencia, para que nosotros, pecadores, dominásemos con ella nuestro orgullo e imitásemos tu generosidad dando de comer a los necesitados. Un prefacio, que claramente tiene una única lectura, y es la renuncia de las cosas, los bienes, las situaciones que nos atan, y no nos dejan libres, siempre en bien de otro hermano; pues dicha renuncia, siempre hará bien al prójimo.
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ALGUNOS MOMENTOS EN LA CATEDRAL

