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1ª lectura: Siembran viento, cosecharán tempestades.

Lectura de la profecía de Oseas 8, 4-7. 11. 13

Esto dice el Señor:

«Han constituido reyes en Israel, sin contar conmigo, autoridades, y yo no sabía nada. Con su plata y con su oro se hicieron ídolos para establecer pactos.

¡Tu becerro te ha rechazado, Samaria! Mi ira se inflamó contra ellos.

¿Hasta cuándo serán culpables de la suerte de Israel?

¡Un artesano lo ha hecho, pero eso no es un Dios!

Sí, terminará hecho pedazos, el becerro de Samaría.

Puesto que siembran viento, cosecharán tempestades; “espiga sin brote no produce harina”. Tal vez la produzca, pero la devorarán extranjeros.

Efraín multiplicó los altares de pecado, y fueron para él altares de pecado. Para él escribo todos mis preceptos, son considerados cosa de otros.

¡Sacrificios de carne asada! Sacrificaron la carne y se la comieron. El Señor no los acepta.

Tiene presente su perversión y castiga sus pecados: Deberán retornar a Egipto».

Salmo: Sal 113B, 3-4. 5-6. 7ab-8. 9-10

R. Israel confía en el Señor.

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas. R.

Tienen boca, y no hablan;
tienen ojos, y no ven;
tienen orejas, y no oyen;
tienen nariz, y no huelen. R.

Tienen manos, y no tocan;
tienen pies, y no andan.
Que sean igual los que los hacen,
cuantos confían en ellos. R.

Israel confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo.
La casa de Aarón confía en el Señor:
él es su auxilio y su escudo. R.

Aleluya Jn 10, 14

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el Buen Pastor - dice el Señor -,
que conozco a mis ovejas, y las mías me conocen. R.

Evangelio: La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 32-38

En aquel tiempo, le llevaron a Jesús un endemoniado mudo. Y después de echar al demonio, el mudo habló.
La gente decía admirada:

«Nunca se ha visto en Israel cosa igual». En cambio, los fariseos decían:

«Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios».

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia. Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor».

Entonces dijo a sus discípulos:

«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».

1ª lectura: Me desposaré contigo para siempre

Lectura de la profecía de Oseas 2, 16.17b-18. 21-22

Esto dice el Señor:

«Yo la persuado, la llevo al desierto, le hablo al corazón.

Allí responderá como en los días de su juventud, como el día de su salida de Egipto.

Aquel día - oráculo del Señor -, me llamarás “esposo mío”, y ya no me llamarás “mi amo”.

Me desposaré contigo para siempre, me desposaré contigo en justicia y en derecho, en misericordia y en ternura, me desposaré contigo en fidelidad y conocerás al Señor».

Salmo: Sal 144, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

R. El Señor es clemente y misericordioso.

Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza. R.

Una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas. R.

Encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tu justicia. R.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R.

Aleluya Cf. 2 Tim 1, 10

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte,
e hizo brillar la vida por medio del Evangelio. R.

Evangelio: Mi hija acaba de morir, pero ven tú y vivirá

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 18-26

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, se acercó un jefe de los judíos que se arrodilló ante él y le dijo:

«Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá». Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.

Entre tanto, una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría. Jesús se volvió y, al verla, le dijo:
«¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado».

Y en aquel momento quedó curada la mujer.

Jesús llegó a casa de aquel jefe y, al ver a los flautistas y el alboroto de la gente, dijo:

«¡Retiraos! La niña no está muerta, está dormida». Se reían de él.

Cuando echaron a la gente, entró él, cogió a la niña de la mano, y ella se levantó.

La noticia se divulgó por toda aquella comarca.

El pasado día 30 de junio y con motivo de dar a conocer la figura del capellán castrense y sus diferentes funciones dentro de las Fuerzas Armadas, así como acercar la realidad pastoral castrense a los futuros sacerdotes de Aragón; tuvo lugar una convivencia vocacional en la Base Aérea de Zaragoza, en la cual participaron un nutrido grupo de sacerdotes de Zaragoza, seminaristas de Aragón y jóvenes en edad preuniversitaria.

Icod de los Vinos (Tenerife) — En fechas recientes, el municipio tinerfeño de Icod de los Vinos ha sido escenario de significativos encuentros de colaboración, respeto y profundo agradecimiento institucional en torno a la conservación del patrimonio sacro y la historia compartida.

El tercer y último día de la visita pastoral de nuestro Arzobispo Castrense a la isla de Gran Canaria ha estado marcado por la cercanía, el afecto y el espíritu de familia que tanto caracteriza a nuestras Fuerzas Armadas. Ha sido una jornada intensa, llena de encuentros personales y momentos para el recuerdo, donde la humanidad de nuestro Ejército del Aire y del Espacio ha brillado con luz propia.

1ª lectura: El Señor Dios ha hablado, ¿quién no profetizará?

Lectura de la profecía de Amós 3, 1-8; 4, 11-12

Escuchad la palabra que el Señor ha pronunciado contra vosotros, hijos de Israel, contra toda tu tribu que saqué de Egipto:

«Sólo a vosotros he escogido de entre todas las tribus de la tierra.

Por eso les pediré cuentas de todas sus transgresiones».

¿Acaso dos caminan juntos sin haberse puesto de acuerdo?

¿Acaso ruge el león en la foresta si no tiene una presa?

¿Deja el cachorro oír su voz desde la guarida si no ha apresado nada?

¿Acaso cae el pájaro en la red, a tierra, si no hay un lazo?

¿Salta la trampa del suelo si no tiene una presa?

¿Se toca el cuerno en una ciudad sin que se estremezca la gente?

¿Sucede una desgracia en una ciudad sin que el Señor la haya causado?

Ciertamente, nada hace el Señor Dios sin haber revelado su designio a sus servidores los profetas. Ha rugido el león, ¿quién no temerá?

El Señor Dios ha hablado, ¿quién no profetizará?

Os trastorné como Dios trastornó a Sodoma y Gomorra, y quedasteis como tizón sacado del incendio.

Pero no os convertisteis a mi -oráculo del Señor-.

Por eso, así voy a tratarte, Israel.

Sí, así voy a tratarte: prepárate al encuentro con tu Dios.

Salmo: Sal 5, 5-6. 7. 8.

R. Señor, guíame con tu justicia

Tú no eres un dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia. R.

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor. R.

Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo
santo en tu temor. R.

Aleluya Cf. Sal 129, 5

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Espero en el Señor,
espero en su palabra. R.

Evangelio: Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 8, 23-27.

En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron.

En esto se produjo una tempestad tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; Él dormía.

Se acercaron y lo despertaron gritándole:

«¡Señor, sálvanos, que perecemos!».

Él les dice:

«¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?».

Se puso en pie, increpó a los vientos y al mar y vino una gran calma. Los hombres se decían asombrados:

¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?».

1ª lectura: Ahora sé realmente que el Señor me ha librado de las manos de Herodes.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 12, 1-11

En aquellos días, el rey Herodes decidió arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, decidió detener a Pedro. Eran los días de los Ácimos. Después de prenderlo, lo metió en la cárcel, entregándolo a la custodia de cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno; tenía intención de presentarlo al pueblo pasadas las fiestas de Pascua.Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.

Cuando Herodes iba a conducirlo al tribunal, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel.

De repente, se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocando a Pedro en el costado, lo despertó y le dijo:

«Date prisa, levántate».

Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel añadió:

«Ponte el cinturón y las sandalias».

Así lo hizo, y el ángel le dijo:

«Envuélvete en el manto y sígueme».

Salió y lo seguía sin acabar de creerse que era realidad lo que hacía el ángel, pues se figuraba que estaba viendo una visión. Después de atravesar la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad, que se abrió solo. ante ellos. Salieron, y anduvieron una calle y de pronto se marchó el ángel. Pedro volvió en sí y dijo:

«Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de toda la expectación del pueblo de los judíos».

Salmo: Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9.

R. El Señor me libró de todas mis ansias.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

El ángel del Señor acampa en torno
a quienes lo temen y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R.

2ª lectura: Me está reservada la corona de la justicia.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo. 4, 6-8. 17-18.

Querido hermano:

Yo estoy a punto de ser derramado en libación y el momento de mi partida es inminente.

He combatido el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe.

Por lo demás, me está reservada la corona de la justicia, que el Señor, juez justo, me dará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que hayan aguardado con amor su manifestación.

Mas el Señor me estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, a través de mí, se proclamara plenamente el mensaje y lo oyeran todas las naciones. Y fui librado de la boca del león.

El Señor me librará de toda obra mal y me salvará llevándome a su reino celestial.

A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Aleluya Mt 16, 18

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Tú eres Pedro. y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia,
y el poder del infierno no la derrotará. R.

Evangelio: Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-19.

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Ellos contestaron:

«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

Él les preguntó:

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Jesús le respondió:

«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.

Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

1ª lectura: Es un hombre santo de Dios; se retirará aquí.

Lectura del segundo libro de los Reyes 4, 8-11. 14-16a

Pasó Eliseo un día por Sunén. Vivía allí una mujer principal que le insistió en que se quedase a comer; y, desde entonces, se detenía allí a comer cada vez que pasaba.
Ella dijo a su marido:

«Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos. Construyamos en la terraza una pequeña habitación y pongámosle arriba una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que cuando venga pueda retirarse».

Llegó el día en que Eliseo se acercó por allí, y se retiró a la habitación de arriba, donde se acostó.

Entonces se preguntó Eliseo:

«¿Qué podemos hacer por ella?».

Respondió Guejazi, su criado:

«Por desgracia no tiene hijos, y su marido es ya anciano».

Eliseo ordenó que la llamase. La llamó y ella se detuvo a la entrada.

Eliseo le dijo:

«El año próximo, por esta época, tú estarás abrazando un hijo».

Salmo: Sal 88, 2-3. 16-17. 18-19.

R. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
camina, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R.

2ª lectura: Sepultados con él por el bautismo, andemos en una vida nueva.

Lectura de la carta a los Romanos 6, 3-4. 8-11.

Hermanos:

Cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte.

Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva.

Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque quien ha muerto, ha muerto al pecado de una vez para siempre; y quien vive, vive para Dios. Lo mismo vosotros, consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.

Aleluya 1 Pe 2, 9

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Vosotros sois un linaje elegido, un sacerdocio real,
una nación santa;

anunciad las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa. R.

Evangelio: El que no carga con la cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 37-42.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue no es digno de mí.

El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa»

1ª lectura: Sus corazones claman al Señor sobre la muralla de la hija de Sion

Lectura de las Lamentaciones 2, 2. 10-14. 18-19

Ha destruido el Señor, sin piedad todas las moradas de Jacob, ha destrozado, lleno de cólera las fortalezas de la hija de Judá: echó por tierra y profanó el reino y a sus príncipes.

Se sientan silenciosos en el suelo los ancianos de la hija de Sion; cubren de polvo su cabeza y se ciñen con saco; humillan hasta el suelo su cabeza las doncellas de Jerusalén.

Se consumen en lágrimas mis ojos, se conmueven mis entrañas; muy profundo es mi dolor por la ruina de la hija de mi pueblo; los niños y lactantes desfallecen por las plazas de la ciudad.
Preguntan a sus madres:

«¿Dónde hay pan y vino?», mientras agonizan, como los heridos, por las plazas de la ciudad, exhalando su último aliento en el regazo de sus madres.

¿A quién te compararé, a quién te igualaré, hija de Jerusalén? ¿con quién te equipararé, para consolarte, doncella, hija de Sión?; pues es grande como el mar tu desgracia: ¿quién te podrá curar?

Tus profetas te ofrecieron visiones falsas y vanas; no denunciaron tu culpa para que cambiara tu suerte, sino que te anunciaron oráculos falsos y seductores.

Sus corazones claman al Señor.

Muralla de la hija de Sión, ¡derrama como un torrente tus lágrimas día y noche; no te des tregua, no descansen tus ojos.

Levántate y grita en la noche, al relevo de la guardia; derrama como agua tu corazón en presencia del Señor; levanta tus manos hacia él por la vida de tus niños, que desfallecen de hambre por las esquinas de las calles.

Salmo: Sal 73, 1-2. 3-4. 5-7. 20-21.

R. No olvides sin remedio la vida de tus pobres.

¿Por qué, oh Dios, nos rechazas para siempre
y está ardiendo tu cólera contra las ovejas de tu rebaño?
Acuérdate de la comunidad que adquiriste desde antiguo,
de la tribu que rescataste para posesión tuya,
del monte Sión donde pusiste tu morada. R.

Dirige tus pasos a estas ruinas sin remedio;
el enemigo ha arrasado del todo el santuario.
Rugían los agresores en medio de tu asamblea,
levantaron sus propios estandartes. R.

Como quien se abre paso entre la espesa arboleda,
todos juntos derribaron sus puertas,
las abatieron con hachas y mazas.
Prendieron fuego a tu santuario,
derribaron y profanaron
la morada de tu nombre. R.

Piensa en tu alianza: que los rincones del país
están llenos de violencias.
Que el humilde no se marche defraudado,
que pobres y afligidos alaben tu nombre. R.

Aleluya Mt 8, 17b

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Cristo tomó nuestras dolencias
y cargó con nuestras enfermedades. R.

Evangelio: Vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 8, 5-17.

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:

«Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho».

Jesús le contestó:

«Voy yo a curarlo».

Pero el centurión le replicó:

«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le dijo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace». Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían:

«En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; en cambio, a los hijos del reino los echarán fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes». Y dijo Jesús al centurión:

«Vete; que te suceda según has creído».

Y en aquel momento se puso bueno el criado.

Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a su suegra en cama con fiebre; le tocó su mano y se le pasó la fiebre; se levantó y se puso a servirle.

Al anochecer, le llevaron muchos endemoniados; él, con su palabra, expulsó los espíritus y curó a todos los enfermos para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades».

 

1ª lectura: Llevó deportados a Babilonia a Joaquín y a todos los hombres pudientes.

Lectura del segundo libro de los Reyes 24, 8-17

Dieciocho años tenía Joaquín cuando inició su reinado y reinó tres meses en Jerusalén.

El nombre de su madre era Nejustá, hija de Elnatán, de Jerusalén.

Hizo el mal a los ojos del Señor exactamente lo mismo que había hecho su padre.

En aquel tiempo las gentes de Nabucodonosor, rey de Babilonia, subieron contra Jerusalén y la ciudad fue asediada. Vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, a la ciudad, mientras sus servidores la estaban asediando.

Entonces Joaquín, rey de Judá, se rindió al rey de Babilonia, que hizo prisioneros a él, a su madre, a sus servidores, a sus jefes y eunucos.

Era el año octavo de su reinado.

Luego se llevó de allí todos los tesoros del templo del Señor y los del palacio real y deshizo todos los objetos de oro que había fabricado Salomón, rey de Israel, para santuario del Señor, según la palabra del Señor.

Deportó a todo Jerusalén, todos los jefes y notables - diez mil deportados -, a todos los herreros y cerrajeros, no dejando más que a la gente pobre del país.

Deportó a Babilonia a Joaquín, a la madre del rey y a las mujeres del rey, a sus eunucos y a los notables del país; lo hizo partir al destierro, de Jerusalén a Babilonia.

También llevó deportados a Babilonia a todos los hombres pudientes en número de siete mil; los herreros y cerrajeros, un millar; así como a todos los aptos para la guerra.

Y, en lugar de Joaquín, puso por rey a su tío Matanías, cambiando su nombre por el de Sedecías.

Salmo: Sal 78, 1-2. 3-5. 8. 9.

R. Por el honor de tu nombre, Señor, líbranos.

Dios mío, los gentiles han entrado en tu heredad,
han profanado tu santo templo,
han reducido Jerusalén a ruinas.

Echaron los cadáveres de tus siervos en pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus fieles a las fieras de la tierra. R.

Derramaron su sangre como agua en torno a Jerusalén,
y nadie la enterraba.
Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
¿Hasta cuándo, Señor?
¿Vas a estar siempre enojado?
¿Arderá como fuego tu cólera? R.

No recuerdes contra nosotros
las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados. R.

Socórrenos, Dios, Salvador nuestro,
por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados
a causa de tu nombre. R.

Aleluya Cf. Jn 14, 23

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El que me ama guardará mi palabra - dice el Señor -,
y mi Padre lo amará, y vendremos a él. R.

Evangelio: La casa edificada sobre roca y la casa edificada sobre arena.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 7, 21-29.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

Aquel día muchos dirán:

“Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre, y en tu nombre echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?”.

Entonces yo les declararé:

“Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obráis la iniquidad”.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande».

Al terminar Jesús este discurso, la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas.

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