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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el Evangelio de la Liturgia de hoy vemos una reacción de Jesús más bien insólita: se indigna. Y lo que más sorprende es que su indignación no es causada por los fariseos que lo ponen a prueba con preguntas sobre la licitud del divorcio, sino por sus discípulos que, para protegerlo de la aglomeración de gente, riñen a algunos niños que habían sido llevados ante Jesús. En otras palabras, el Señor no se indigna con quienes discuten con Él, sino con quienes, para aliviarle el cansancio, alejan de Él a los niños. ¿Por qué? Es una buena pregunta: ¿por qué el Señor hace esto?

Recordemos —era el Evangelio de hace dos domingos— que Jesús, realizando el gesto de abrazar a un niño, se había identificado con los pequeños: había enseñado que precisamente los pequeños, es decir, los que dependen de los demás, los que tienen necesidad y no pueden restituir, han de ser servidos los primeros (cfr. Mc 9,35-37). Quien busca a Dios lo encuentra allí, en los pequeños, en los necesitados, necesitados no solo de bienes, sino también de cuidados y de consuelo, como los enfermos, los humillados, los prisioneros, los inmigrantes, los presos. Allí está Él, en los pequeños. He aquí por qué Jesús se indigna: cada afrenta hecha a un pequeño, a un pobre, a un niño, a un indefenso, se le hace a Él.

Hoy el Señor retoma esta enseñanza y la completa. De hecho, añade: «El que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él» (Mc 10,15). Esta es la novedad: el discípulo no solo debe servir a los pequeños, sino que también ha de reconocerse pequeño él mismo. Y cada uno de nosotros, ¿se reconoce pequeño ante Dios? Pensémoslo, nos ayudará. Saberse pequeños, saberse necesitados de salvación, es indispensable para acoger al Señor. Es el primer paso para abrirnos a Él. Sin embargo, a menudo nos olvidamos de esto. En la prosperidad, en el bienestar, vivimos la ilusión de ser autosuficientes, de bastarnos a nosotros mismos, de no tener necesidad de Dios. Hermanos y hermanas, esto es un engaño, porque cada uno de nosotros es un ser necesitado, pequeño. Debemos buscar nuestra propia pequeñez y reconocerla. Y allí encontraremos a Jesús.

En la vida, reconocerse pequeño es un punto de partida para llegar a ser grande. Si lo pensamos bien, crecemos no tanto gracias a los éxitos y a las cosas que tenemos, sino, sobre todo, en los momentos de lucha y de fragilidad. Ahí, en la necesidad, maduramos; ahí abrimos el corazón a Dios, a los demás, al sentido de la vida. Abrimos los ojos a los demás. Cuando somos pequeños abrimos los ojos al verdadero sentido de la vida. Cuando nos sintamos pequeños ante un problema, pequeños ante una cruz, una enfermedad, cuando experimentemos fatiga y soledad, no nos desanimemos. Está cayendo la máscara de la superficialidad y está resurgiendo nuestra radical fragilidad: es nuestra base común, nuestro tesoro, porque con Dios las fragilidades no son obstáculos, sino oportunidades. Una bella oración sería esta: “Señor, mira mis fragilidades…”; y enumerarlas ante Él. Esta es una buena actitud ante Dios.

De hecho, precisamente en la fragilidad descubrimos cuánto nos cuida Dios. El Evangelio de hoy dice que Jesús es muy tierno con los pequeños: «Los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos» (v. 16). Las contrariedades, las situaciones que revelan nuestra fragilidad son ocasiones privilegiadas para experimentar su amor. Lo sabe bien quien reza con perseverancia: en los momentos oscuros o de soledad, la ternura de Dios hacia nosotros se hace —por así decir— aún más presente. Cuando somos pequeños, sentimos más la ternura de Dios. Esta ternura nos da paz, esta ternura nos hace crecer, porque Dios se nos acerca a su manera, que es cercanía, compasión y ternura. Y cuando nos sentimos poca cosa —es decir, pequeños— por cualquier motivo, el Señor se nos acerca más, lo sentimos más cercano. Nos da paz, nos hace crecer. En la oración, el Señor nos abraza como un papá a su niño. Así nos hacemos grandes: no con la ilusoria pretensión de nuestra autosuficiencia —esto no hace grande a nadie—, sino con la fortaleza de depositar en el Padre toda esperanza. Justo como hacen los pequeños, hacen así.

Pidamos hoy a la Virgen María una gracia grande, la de la pequeñez: ser niños que se fían del Padre, seguros de que Él nunca deja de cuidarnos.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Me ha entristecido mucho lo que ha sucedido en los pasados días en la cárcel de Guayaquil, en Ecuador. Una terrible explosión de violencia entre detenidos pertenecientes a bandas rivales ha provocado más de cien muertos y numerosos heridos. Rezo por ellos y por sus familias. Dios nos ayude a sanar las llagas del crimen que esclaviza a los más pobres. Y ayude a cuentos trabajan cada día para hacer más humana la vida en las cárceles.

Deseo implorar nuevamente a Dios el don de la paz para la amada tierra de Myanmar: para que las manos de cuantos la habitan no deban enjugar más lágrimas de dolor y de muerte, sino que puedan estrecharse a fin de superar las dificultades y trabajar juntas para traer la paz.

Hoy, en Catanzaro, serán beatificadas María Antonia Samà y Gaetana Tolomeo, dos mujeres que padecieron inmovilidad física durante toda su vida. Sostenidas por la gracia divina, abrazaron la cruz de su enfermedad, transformando el dolor en una alabanza al Señor. Su lecho se convirtió en punto de referencia espiritual y lugar de oración y de crecimiento cristiano para mucha gente que encontraba junto a él consuelo y esperanza. ¡Un aplauso para las nuevas Beatas!

En este primer domingo de octubre, mi pensamiento va a los fieles reunidos en el Santuario de Pompeya para recitar la Súplica a la Virgen María. Durante este mes, renovemos juntos el compromiso de rezar el santo Rosario.

Dirijo mi saludo a vosotros, queridos romanos y peregrinos. En especial, a los fieles de Wépion, en la diócesis de Namur, en Bélgica; a los jóvenes de Uzzano, en la diócesis de Pescia; y a los chicos con discapacidades venidos desde Módena, acompañados por las Pequeñas Hermanas de Jesús Trabajador y por voluntarios. A propósito, hoy en Italia se celebra el Día para la eliminación de las barreras arquitectónicas. Todos podemos echar una mano para construir una sociedad en la que nadie se sienta excluido. Gracias por vuestro trabajo.

Os deseo a todos un feliz domingo. ¡También a los chicos de la Inmaculada! Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta pronto.

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El 17 de septiembre en la Parroquia Castrense de San Andrés en A Coruña tuvo lugar la ceremonia de toma de posesión del Capellán D. Juan Antonio Mañán y Bascuas como párroco.

El pasado 24 de Septiembre se celebró la Fiesta Patronal del Centro Penitenciario Militar, La Virgen de la Merced. Las máximas autoridades civiles y militares asisten a la tradicional misa oficiada en el interior de la cárcel. Presidida por el Jefe de Servicio de Defensa  D. Francisco Javier de la Vega y concelebrada por el Pater de la Prisión D. Juan Carlos Pinto SUárez. En la celebración se tuvo especial mención al Exmo. y Rvmo. Sr. Arzobispo D. Juan del Río Martin quien cuidaba la asistencia espiritual de este centro y procuraba participar siempre en esta celebración y que ahora nos ha acompañado desde el cielo. 

Hoy, 7 de octubre de 2021, en la Base Aérea de Torrejón, sede del Cuartel General de la Unidad Militar de Emergencias, hemos celebrado a nuestra Patrona Nuestra Señora del Rosario.  

A las 10.00 de la mañana tuvo lugar la celebración religiosa en la capilla de dicha Base Aérea, contando con la presencia de un nutrido grupo de componentes de esta unidad, con su general a la cabeza, que han querido acercarse para dar gracias a Dios por la protección que nos dispensa siempre mediante la Virgen María. 

La delegación española ha participado en la Conferencia Internacional Preparatoria del próximo Encuentro Internacional de Militares por la Paz (EIMP), organizado por la Delegación Suiza en la Cartuja de la Ciudad de Ittingen del 3 al 7 de octubre. 

Desde el Arzobispado Castrense y Caritas Castrense compartimos  la campaña de emergencia lanzada por la Caritas Diocesana de Tenerife en apoyo a todos los damnificados por la erupción, que desde el domingo 19 de septiembre, viene afectando a la isla de La Palma y a la que desde el primer momento se sumó la Caritas Parroquial Castrense de Tenerife (CPC).

Organizado por la Hermandad de Amigos del Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil (HABECU)  y en coordinación con la Comandancia de la Guardia Civil de Cáceres el día 2 de octubre se llevó a cabo un acto consistente en la ofrenda de un manto para la imagen de la Virgen del Pilar que se encuentra en el Puesto de la Guardia Civil de Garrovillas de Alconetar (Cáceres)

El Ordinario Castrense de España, D. Carlos Jesús Montes Herreros, presidió hoy la reunión del consejo de gobierno del arzobispado en dependencias de la propia institución.

Reunión de Caritas Parroquial Castrense Alcalá

El día 30 de septiembre en los salones parroquiales de la Parroquia Castrense Nuestra Señora de Loreto, tuvo lugar la reunión de Caritas Parroquial Castrense Alcalá donde han participado la mayoría de voluntarios, coordinadora, secretario y el presidente el Pater Juan Carlos Pinto Suárez. En este encuentro se revisó las actividades que se han estado realizando durante la pandemia y los retos y dificultades que debe hacer frente la Caritas Parroquial. Para ello, se ha vuelto a activar las actividades de acompañamiento a las personas mayores y demás actividades de Cáritas. 

El Ayuntamiento de los Llanos de Aridane, municipio afectado por la erupción del volcán Cumbre Vieja, ha recibido el 28 de septiembre un contenedor con materiales de primera necesidad. Esto ha sido posible gracias al páter de la base “General Alemán Ramírez” y los componentes de las unidades de la “Brigada XVI”.

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