1ª lectura: Dios ha cumplido su promesa resucitando a Jesús.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 13, 26-33
En aquellos días, cuando llegó Pablo a Antioquía de Pisidia, decía en la sinagoga:
«Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y todos vosotros los que teméis a Dios: a nosotros se nos
ha enviado esta palabra de salvación. En efecto, los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no
reconocieron a Jesús ni entendieron las palabras de los profetas que se leen los sábados, pero las
cumplieron al condenarlo. Y, aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a
Pilato que lo mandara ejecutar. Y, cuando cumplieron todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del
madero y lo enterraron. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció
a los que lo habían subido con él de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo.
También nosotros os anunciamos la Buena Noticia de que la promesa que Dios hizo a nuestros padres,
nos la ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo:
“Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy”».
Salmo: Sal 2, 6-7.8-9. 10-11.
R. Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.
Yo mismo he establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo».
Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo:
yo te he engendrado hoy. R.
Pídemelo:
te daré en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza». R.
Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando. R.
Aleluya Jn 14, 6bc
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo soy el camino y la verdad y la vida - dice el Señor -;
nadie va al Padre sino por mí. R.
Evangelio: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 1-6.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas
estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare un lugar,
volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis
el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí».
1ª lectura: Dios sacó de la descendencia de David un salvador: Jesús.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 13, 13-25.
En aquellos días, Pablo y sus compañeros se hicieron a la vela en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia.
Juan los dejó y se volvió a Jerusalén; ellos, en cambio, continuaron y desde Perge llegaron a Antioquía
de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Acabada la lectura de la Ley y de los
Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a unos que les dijeran:
«Hermanos, si tenéis una palabra de exhortación para el pueblo, hablad».
Pablo se puso en pie y, haciendo seña con la mano de que se callaran, dijo:
«Israelitas y los que teméis a Dios, escuchad: El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres
y multiplicó al pueblo cuando vivían como forasteros en Egipto. Los sacó de allí con brazo poderoso;
unos cuarenta años “los cuidó en el desierto”, “aniquiló siete naciones en la tierra de Canaán y les dio
en herencia” su territorio; todo ello en el espacio de unos cuatrocientos cincuenta años. Luego les dio
jueces hasta el profeta Samuel. Después pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu
de Benjamín, durante cuarenta años. Lo depuso y les suscitó como rey a David, en favor del cual dio
testimonio diciendo: “Encontré a David, hijo de Jesé, “hombre conforme a mi corazón, que cumplirá
todos mis preceptos”.
Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que
llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida,
decía: “Yo no soy quien pensáis, pero, mirad, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las
sandalias de los pies”».
Salmo: Sal 88, 2-3. 21-22. 25 y 27.
R. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R.
Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso. R.
Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre crecerá su poder.
Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora». R.
Aleluya Cf. Ap. 1, 5
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Jesucristo, eres el testigo fiel,
el primogénito de entre los muertos;
nos amaste y nos has librado de nuestros pecados con tu sangre. R.
Evangelio: El que recibe a mi enviado me recibe a mí.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 16-20.
Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que
lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros;
yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me
ha traicionado”. Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy.
En verdad, en verdad os digo: el que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí
recibe al que me ha enviado».
1ª lectura: La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado.
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 1, 5 - 2, 2.
Queridos hermanos:
Este es el mensaje que hemos oído de Jesucristo y que os anunciamos: Dios es luz y en él no hay
tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él y vivimos en las tinieblas, mentimos y no
obramos la verdad. Pero, si caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos en
comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado. Si decimos que no
hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Pedro, sí confesamos nuestros pecados,
él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda justicia. Si decimos que no
hemos pecado lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros.
Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue
ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los
nuestros, sino también por los del mundo entero.
Salmo: Sal 102, 1b-2. 8-9. 13-14. 17-18a.
R. Bendice, alma mía, al Señor.
Bendice, alma mía al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor.
y no olvides sus beneficios. R.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo. R.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R.
La misericordia del Señor
dura desde siempre y por siempre,
para aquellos que lo temen;
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza. R.
Aleluya Mt 11,25
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has relevado los misterios del reino a los pequeños. R.
Evangelio: Has escondido estas cosas a los sabios,
y las has relevado a los pequeños.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30.
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios
y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Si, padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce
al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros
y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.
Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
1ª lectura: Se pusieron a hablar a los griegos, anunciándoles la Buena Nueva del
Señor Jesús.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 11, 19-26.
En aquellos días, los que se habían dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban hasta
Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la palabra más que a los judíos. Pero algunos, naturales de
Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquía, se pusieron a hablar también a los griegos, anunciándoles
la Buena Nueva del Señor Jesús. Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se
convirtió al Señor.
Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver
la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo
empeño; como era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se
adhirió al Señor. Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía.
Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía
donde por primera vez llamaron a los discípulos fueron llamados cristianos.
Salmo: Sal 86, 1-3, 4-5. 6-7.
R. Alabad al Señor todas las naciones.
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios! R.
«Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes han nacido allí».
Se dirá de Sión: «Uno por uno todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado». R.
El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Este ha nacido allí».
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti». R.
Aleluya Jn 10, 27
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Mis ovejas escuchan mi voz - dice el Señor -,
y yo las conozco, y ellas me siguen. R.
Evangelio: Yo y el Padre somos uno.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 22-30.
Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en
el templo por el pórtico de Salomón.
Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:
«¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».
Jesús les respondió:
«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio
de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las
conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará
de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado, es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada
de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».
Con motivo de la inauguración de la nueva Capilla “Santísimo Cristo y San Juan Pablo II”, el Obispo Castrense de Eslovaquia, Mons. Pavol Sajgalík, ha visitado al Contingente Español desplegado en Zona de Operaciones, acompañado por la Embajadora de España en Eslovaquia.
Hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz domingo!
Al continuar nuestro camino por el tiempo pascual, el Evangelio de hoy nos presenta las palabras de Jesús, que se compara con un pastor y luego con la puerta del redil (cf. Jn 10,1-10).
Jesús contrasta al pastor con el ladrón. De hecho, afirma: «Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón y un asaltante» (v. 1). Y más adelante, de modo aún más claro: «El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia» (v. 10). La diferencia es clara: el pastor tiene un vínculo especial con sus ovejas y, por lo tanto, puede entrar por la puerta del redil; si alguien, en cambio, necesita saltar la cerca, entonces sin duda es un ladrón que quiere robar las ovejas.
Jesús nos dice que está unido a nosotros por una relación de amistad: nos conoce, nos llama por nuestro nombre, nos guía y, como hace un pastor con sus ovejas, viene a buscarnos cuando estamos perdidos y venda nuestras heridas cuando estamos enfermos (cf. Ez 34,16). Jesús no viene como un ladrón para robarnos la vida y la libertad, sino para guiarnos por el camino correcto. No viene a secuestrar ni a engañar nuestra conciencia, sino a iluminarla con la luz de su sabiduría. No viene como si fuera a contaminar nuestras alegrías terrenales, sino a abrirlas a una felicidad más plena y duradera. Quienes confían en Él no tienen nada que temer; Él no menosprecia nuestra vida, sino que viene a dárnosla en abundancia (cf. v. 10).
Hermanos y hermanas, estamos invitados a reflexionar y, sobre todo, a vigilar nuestros corazones y nuestras vidas, porque quienes entran en ellos pueden multiplicar la alegría o, como un ladrón, pueden robárnosla. Los “ladrones” pueden adoptar muchos rostros: son aquellos que, a pesar de las apariencias, coartan nuestra libertad o no respetan nuestra dignidad; son creencias y prejuicios que nos impiden tener una visión clara de los demás y de la vida; son ideas erróneas que pueden llevarnos a tomar decisiones negativas; son estilos de vida superficiales o consumistas que nos vacían interiormente y nos impulsan a vivir siempre fuera de nosotros mismos. Y no olvidemos tampoco a esos “ladrones” que, saqueando los recursos de la tierra, librando guerras sangrientas o alimentando el mal en cualquiera de sus formas, no hacen más que arrebatarnos a todos la posibilidad de un futuro de paz y serenidad.
Podemos preguntarnos: ¿quién queremos que guíe nuestras vidas? ¿Quiénes son los “ladrones” que han intentado entrar en nuestro interior? ¿Lo han logrado, o hemos podido rechazarlos?
Hoy el Evangelio nos invita a confiar en el Señor: Él no viene a robarnos nada; al contrario, es el Buen Pastor, que multiplica la vida y nos la ofrece en abundancia. Que la Virgen María nos acompañe siempre en nuestro camino e interceda por nosotros y por el mundo entero.
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Palabras después del Regina Coeli
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy se conmemora el 40º aniversario del trágico accidente de Chernóbil, que marcó la conciencia de la humanidad. Este hecho sigue siendo una advertencia sobre los riesgos inherentes al uso de tecnologías cada vez más potentes. Encomendamos a la misericordia de Dios las víctimas y aquellos que aún sufren lasconsecuencias. Espero que, en la toma de decisiones a todos los niveles, prevalezcan siempre el discernimiento y la responsabilidad, para que todo uso de la energía atómica esté al servicio de la vida y la paz.
Y ahora me dirijo a ustedes, romanos y peregrinos de diversos países: ¡bienvenidos!
Saludo a los Caballeros y Damas de la Orden de San Jorge, Orden Europea de la Casa de Habsburgo-Lorena. Saludo a los niños del grupo de danza “Malva”, de Brovary, Ucrania; al Coro Cantica Sacra de la Arquidiócesis de Trnava, Eslovaquia; a los fieles de Viena, Madrid y las Islas Canarias; y a los directores y profesores del Colegio “São Tomás” de Lisboa.
Saludo al numeroso grupo de jóvenes de Val Camonica (Diócesis de Brescia) y a los jóvenes monaguillos de Biadene y Caonada; así como a los fieles de Treviso, Vicenza, Crotone y Cariati, Oria y Lecce; y a los participantes en el congreso de la Asociación Apóstoles de la Divina Misericordia.
Un saludo especial a las familias y amigos de los nuevos sacerdotes de la Diócesis de Roma, a quienes ordené esta mañana en la Basílica de San Pedro: acompañen siempre con sus oraciones a estos jóvenes ministros del Evangelio.
Les deseo a todos un feliz domingo.
1ª lectura: Así pues, también a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión
que lleva a la vida.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 11, 1-18.
En aquellos días, los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los gentiles
habían recibido la palabra de Dios. Cuando Pedro subió a Jerusalén, los de la circuncisión le dijeron
en son de reproche:
«Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos».
Pedro entonces comenzó a exponerles los hechos por su orden, diciendo:
«Estaba yo orando en la ciudad de Jafa, cuando tuve en éxtasis una visión: una especie de recipiente
que bajaba, semejante a un gran lienzo que era descolgado del cielo sostenido por los cuatro extremos,
hasta donde yo estaba. Miré dentro y vi cuadrúpedos, de la tierra, fieras, reptiles y pájaros del cielo.
Luego oí una voz que me decía: “Levántate, Pedro, mata y come”. Yo respondí: “De ningún modo,
Señor, pues nunca entró en mi boca cosa profana o impura”. Pero la voz del cielo habló de nuevo: “Lo
que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano”. Esto sucedió hasta tres veces, y de un tirón lo
subieron todo de nuevo al cielo. En aquel preciso momento llegaron a la casa donde estábamos tres
hombres enviados desde Cesarea en busca mía. Entonces el Espíritu me dijo que me fuera con ellos
sin dudar. Me acompañaron estos seis hermanos, y entramos en casa de aquel hombre. Él nos contó
que había visto en su casa al ángel que, en pie, le decía: “Manda recado a Jafa y haz venir a Simón,
llamado Pedro; él te dirá palabras que traerán la salvación a ti y a tu casa”.
En cuanto empecé a hablar, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, igual que había bajado sobre nosotros
al principio; entonces me acordé de lo que había dicho: “Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis
bautizados con Espíritu Santo”. Pues, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por
haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?». Oyendo esto, se calmaron
y alabaron a Dios diciendo:
«Así pues, también a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida».
Salmo: Sal 41, 2-3; 42, 3. 4.
R. Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo.
Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío;
mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R.
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R.
Me acercaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
y te daré gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R.
Aleluya Jn 10, 14
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo soy el Buen Pastor - dice el Señor -,
que conozco a mis ovejas, y las mías me conocen. R.
Evangelio: Yo soy la puerta de las ovejas.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 1-10.
En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que
salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de ovejas. A
este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y
las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen,
porque conocen su voz: a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz
de los extraños». Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por
eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de
mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que
tengan vida y la tengan abundante».
El pasado 15 de abril tuvo lugar en el Centro de Formación de Tropa Nº2 la celebración del sacramento de la Confirmación, en la que más de 180 alumnos del centro y militares destinados reafirmaron su fe y dieron un paso más en su vida cristiana.
1ª lectura: Dios lo ha constituido Señor y Mesías.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 2, 14a. 36-41.
El día de Pentecostés, Pedro, poniéndose de pie junto a los Once, levantó su voz y declaró:
«Con toda seguridad conozca toda la casa de Israel que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis,
Dios lo ha constituido Señor y Mesías».
Al oír esto, se les traspasó el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:
«¿Qué tenemos que hacer, hermanos?» Pedro les contestó:
«Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús, el Mesías, para perdón
de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para
vuestros hijos, y para los que están lejos, para cuantos llamaré a sí el Señor Dios nuestro».
Con estas y otras muchas razones dio testimonio y los exhortaba diciendo:
«Salvaos de esta generación perversa».
Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día fueron agregadas unas tres mil personas.
Salmo: Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5.
R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada tenlo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.
Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R.
Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.
2ª lectura: Os habéis convertido al pastor de vuestras vidas.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 20-25.
Queridos hermanos:
Que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios.
Pues para esto habéis sido llamados, porque también Cristo padeció por vosotros, dejándoos un
ejemplo para que sigáis sus huellas.
Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca.
Él no devolvía el insulto cuando lo insultaban; sufriendo no profería amenazas; sino que se entregaba
al que juzga rectamente.
Él llevo nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que, muerto a los pecados, vivamos para
la justicia.
Con sus heridas fuisteis curados.
Pues andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de
vuestras almas.
Aleluya Jn 10, 14
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo soy el Buen Pastor - dice el Señor -,
que conozco a mis ovejas, y las mías me conocen. R.
Evangelio: Yo soy la puerta de las ovejas.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 1-10.
En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que
salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas.
A este le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas
y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen,
porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz
de los extraños». Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por
eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de
mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la
tengan abundante».