En un ambiente de recogimiento, alegría y profunda vivencia de fe, más de una veintena de jóvenes recibieron el pasado lunes, el sacramento de la Confirmación en la Academia Básica del Aire y del Espacio, acompañados por sus familiares, amigos y compañeros, que quisieron hacerse presentes en este momento tan significativo de su vida cristiana. La celebración se convirtió en una ocasión especialmente emotiva, vivida con intensidad tanto por los confirmandos como por todos los asistentes, en un clima de cercanía, comunión y esperanza.
1ª lectura: Señor Jesús, recibe mi espíritu.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 7, 51-8, 1a.
En aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:
«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo
mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a
los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis
la Ley por mediación de ángeles, y no la habéis observado». Oyendo sus palabras se recomían en sus
corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el
cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:
«Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él,
lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejaron sus capas a los pies
de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:
«Señor Jesús, recibe mi espíritu»
Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito:
«Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y, con estas palabras, murió.
Saulo aprobaba su ejecución.
Salmo: Sal 30. 3cd-4. 6 y 7b y 8a. 17 y 21 ab.
R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás;
yo confío en el Señor.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas. R.
Aleluya Jn 6, 35ab
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Yo soy el pan de vida - dice el Señor -;
el que viene a mí no tendrá hambre. R.
Evangelio: No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero
pan del cielo.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 30-35.
En aquel tiempo, en gentío dijo a Jesús:
«¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres
comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».
Jesús les replicó:
«En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el
que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al
mundo».
Entonces le dijeron:
«Señor, danos siempre de este pan».
Jesús les contestó:
«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca
tendrá sed».
1ª lectura: No lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 6, 8-15.
En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio
del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia
y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con
que hablaba.
Entonces indujeron a unos que asegurasen:
- «Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios».
Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y viniendo de improviso, lo agarraron y lo
condujeron al Sanedrin, presentando testigos falsos que decían:
- «Este individuo no para de hablar contra el Lugar Santo y la Ley, pues le hemos oído decir que
ese Jesús el Nazareno destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que nos dio Moisés».
Todos los que estaban sentados en el Sanedrin fijaron su mirada en él y su rostro les pareció el de
un ángel.
Salmo: Sal 118, 23-24. 26-27. 29-30.
R. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.
Aunque los nobles se sienten a murmurar de mí,
tu siervo medita tus decretos;
tus preceptos son mi delicia,
tus enseñanzas son mis consejeros. R.
Te expliqué mi camino, y me escuchaste:
enséñame tus mandamientos;
instrúyeme en el camino de tus mandatos,
y meditaré tus maravillas. R.
Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu ley;
escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos. R.
Aleluya Mt 4, 4b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
No solo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. R.
Evangelio: Trabajad no por el alimento que perece, sino por el que perdura para
la vida eterna.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 22-29.
Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre
el mar.
Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido
más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se
habían marchado solos.
Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después
que el Señor había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se
embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?».
Jesús les contestó:
«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan
hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida
eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios». Ellos le preguntaron:
«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?».
Respondió Jesús:
- «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado».
1ª lectura: No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio.
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33.
El día de Pentecostés, Pedro, poniéndose en pie junto a los Once, levantó su voz y con
toda solemnidad declaró:
«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras.
A Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con los milagros, prodigios y
signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros mismos sabéis, a este, entregado conforme
el plan que Dios tenía establecido y previsto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de
hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era
posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él: “Veía siempre
al Señor delante de mí, pues está a mi derecha para que no vacile. Por eso se me alegró el
corazón, exultó mi lengua, y hasta mi carne descansará esperanzada. Porque no me abandonarás
en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu Santo experimente corrupción. Me has enseñado
senderos de vida, me saciarás de gozo con tu rostro”.
Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro
está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con
juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías
cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará
corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.
Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo,
lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».
Salmo: Sal 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11.
R. Señor, me enseñarás el sendero de la vida.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano. R.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.
2ª lectura: Fuisteis liberados con una sangre preciosa, como la de un el cordero
sin mancha, Cristo.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 1, 17 - 21.
Queridos hermanos:
Puesto que podéis llamar Padre al que juzga imparcialmente según las obras, de cada uno, comportaos
con temor durante el tiempo de vuestra peregrinación, pues ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra
conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con salgo corruptible con oro o plata, sino con
una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la
creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, que, por medio de él, creéis en
Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza
estén puestas en Dios.
Aleluya Cf. Lc 24, 32
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Señor Jesús, explícanos las Escrituras;
haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas. R.
Evangelio: Lo reconocieron al partir el pan.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 24, 13-35.
Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una
aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén nos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo
lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a
caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».
Ellos se detuvieron con aire entristecido. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».
Él les dijo:
«¿Qué?».
Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo
el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte,
y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos
en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han
sobresaltado: pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo,
vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos
de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él
no lo vieron». Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías
padeciera esto y entrara así en su gloria?».
Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en
todas las Escrituras.
Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron,
diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición,
lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de
su vista.
Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».
Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los
Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón»
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido
al partir el pan.
1ª lectura: Eligieron a siete hombres llenos de Espíritu Santo.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 6, 1-7.
En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los
de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas.
Los Doce convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron:
- «No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas.
Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de
sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de
la palabra». La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de
Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía, Se los
presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba creciendo, y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso
muchos sacerdotes aceptaban la fe.
Salmo: Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19.
R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R.
La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R.
Los ojos del Señor están puestos en quien los teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R.
Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Ha resucitado Cristo, que creó todas las cosas,
y se ha compadecido del género humano. R.
Evangelio: Vieron a Jesús caminando sobre el lago.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 16-21.
Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia
Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y
el lago se iba encrespando.
Habían remado unos veinticinco o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la
barca, caminando sobre el mar, y se asustaron.
Pero él les dijo:
«Soy yo, no temáis».
Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.
1ª lectura: Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 34-42.
En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se
levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran fuera un momento a los apóstoles y dijo:
«Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con esos hombres. Hace algún tiempo se levantó Teudas,
dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, se
dispersaron todos sus secuaces y todo acabó en nada. Más tarde, en los días del censo, surgió Judas
el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y dispersaron todos sus secuaces.
En el caso presente, os digo: no os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son
cosa de hombres, se disolverá; pero, si es cosa de Dios, no lograréis destruirlos, y os expondríais a
luchar contra Dios».
Le dieron la razón y, habiendo llamado a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en
nombre de Jesús y los soltaron. Ellos, pues, salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel
ultraje por el Nombre. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando la
buena noticia acerca del Mesías Jesús.
Salmo: Sal 26, 1bcde. 4. 13-14.
R. Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida
¿quién me hará temblar? R.
Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R.
Aleluya Mt 4, 4b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
No solo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. R.
Evangelio: Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 1-15.
En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía
mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos.
Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.
Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía
mucha gente, dice a Felipe:
«¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?».
Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer, Felipe le contestó:
«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo».
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice:
«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es
eso para tantos?».
Jesús dijo:
«Decid a la gente que se siente en el suelo».
Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil.
Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo
todo lo que quisieron del pescado.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:
«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».
Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron
a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
«Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».
Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.
1ª lectura: Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 27-33.
En aquellos días, los apóstoles fueron conducidos a comparecer ante el Sanedrín y el sumo sacerdote
los interrogó, diciendo:
- «¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis
llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre».
Pedro y los apóstoles replicaron:
- «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús,
a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo
jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos
nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen».
Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.
Salmo: Sal 33, 2 y 9. 17-18. 19-20.
R. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R.
El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R.
El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor. R.
Aleluya Jn 20, 29
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Porque me has visto, Tomás, has creído - dice el Señor -;
bienaventurados los que crean sin haber visto. R
Evangelio: El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 31-36.
El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la
tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y
nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.
El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama
al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al
Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.
1ª lectura: Mirad, los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo, enseñando
al pueblo.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 17-26.
En aquellos días, el sumo sacerdote y todos los suyos, que integran la secta de los saduceos, en un
arrebato de celo, prendieron a los apóstoles y los metieron en la cárcel pública. Pero, por la noche, el
ángel del Señor les abrió las puertas de la cárcel y los sacó fuera, diciéndoles:
- «Marchaos y, cuando lleguéis al templo, explicad al pueblo todas estas palabras de vida».
Entonces ellos, al oírlo, entraron en el templo al amanecer y se pusieron a enseñar. Llegó entre tanto
el sumo sacerdote con todos los suyos, convocaron el Sanedrín y el pleno de los ancianos de los hijos
de Israel, y mandaron a la prisión para que los trajesen. Fueron los guardias, no los encontraron en
la celda, y volvieron a informar, diciendo:
- «Hemos encontrado la prisión cerrada con toda seguridad, y a los centinelas en pie a las puertas;
pero, al abrir, no encontramos a nadie dentro».
Al oír estas palabras, ni el jefe de la guardia del templo ni los sumos sacerdotes atinaban a explicarse
qué había pasado. Uno se presentó, avisando:
- «Mirad, los hombres que metisteis en la cárcel están en el templo enseñando al pueblo».
Entonces el jefe salió con los guardias y se los trajo, sin emplear la fuerza, por miedo a que el pueblo
los apedrease.
Salmo: Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9.
R. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulte al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.
El ángel del Señor acampa en torno
a quienes lo temen y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R.
Aleluya Cf. Jn 3, 16
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo,
que entregó a su Unigénito;
todo el que cree en él tiene vida eterna. R.
Evangelio: Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 16-21.
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca,
sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve
por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre
del Unigénito de Dios.
Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus
obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse
acusado por sus obras.
En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas
según Dios.
1ª lectura: La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado.
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 1, 5 - 2, 2.
Queridos hermanos:
Este es el mensaje que hemos oído de Jesucristo y que os anunciamos: Dios es luz y en él no hay
tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él y vivimos en las tinieblas, mentimos y no
obramos la verdad. Pero, si caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos en
comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado. Si decimos que no
hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Pedro, sí confesamos nuestros pecados,
él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda justicia. Si decimos que no
hemos pecado lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros.
Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue
ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los
nuestros, sino también por los del mundo entero.
Salmo: Sal 102, 1b-2. 8-9. 13-14. 17-18a.
R. Bendice, alma mía, al Señor.
Bendice, alma mía al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor.
y no olvides sus beneficios. R.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo. R.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R.
La misericordia del Señor
dura desde siempre y por siempre,
para aquellos que lo temen;
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza. R.
Aleluya Mt 11,25
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has relevado los misterios del reino a los pequeños. R.
Evangelio: Has escondido estas cosas a los sabios,
y las has relevado a los pequeños.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30.
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios
y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Si, padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce
al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros
y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.
Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
El Archivo Eclesiástico del Ejército ha puesto en marcha un nuevo laboratorio de imagen destinado a la digitalización, conservación y difusión de su valioso patrimonio documental. Esta iniciativa supone un paso decisivo en la modernización de sus servicios y en el compromiso con la preservación de la memoria histórica vinculada a la asistencia religiosa en las Fuerzas Armadas. Este nuevo departamento de digitalización se enmarca dentro de la primera fase de implantación del Plan Estratégico de Conservación Preventiva.