Su Santidad nos recordó que «el bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana y el primero de los sacramentos» y nos encomendó la tarea de recabar y recordar el día de nuestro bautismo para celebrarlo tal como celebramos la fecha de nuestro nacimiento. El bautismo, nos recordó el Papa Francisco, permite a Cristo vivir en nosotros y a nosotros vivir unidos a Él.
A estas hermosas palabras y enseñanzas, hemos de añadir la alegría que sentimos la comunidad española ,encabezada por el Excmo. Sr. Contralmirante José Luis Enrech, cuando desde nuestra privilegiada ubicación en el Sacrato observamos que su Santidad, antes de iniciar su recorrido en el cariñosamente denominado «Papamovil», invitó a seis de los más pequeños de nuestra comunidad a subirse al vehículo y ser por un día acompañantes de excepción en el recorrido de salutación del papa por la plaza de San Pedro.
Hubo muchas lágrimas de emoción entre nosotros pero los niños siempre son capaces de sorprendernos. La escena de uno de los más pequeños ofertándole a su Santidad su más preciado juguete, un pequeño coche de carreras, nos enterneció y arranco una sonrisa mezclada con la incredulidad de que pudiéramos ser tan privilegiados entre una gran masa de fieles como la que acudió ese día a ver y a escuchar las palabras del Papa Francisco.
Quiero agradecer nuevamente la disposición de nuestros queridos capellanes castrenses, así como sus madrugadas dominicales y largas jornadas de tren para atendernos espiritualmente en Nápoles. Pero sobre todo por la catequesis que imparten a nuestros pequeños.
Igualmente quiero agradecerle a todos aquellos que desde la Prefectura en el Vaticano nos han facilitado y permitido ocupar tan privilegiado puesto así como a nuestro querido capellán D. Manuel Gómez que supo ejercer como buen pastor de este ilusionado rebaño de peregrinos.
Y finalmente gracias su Santidad por este día, por sus enseñanzas y por ser un referente en nuestra vida de cristianos y hacer que el centenar de peregrinos españoles que fuimos a esta audiencia desde Nápoles la recordemos siempre con inmensa alegría.
CF. Enrique del Cuvillo Martínez de Azagra

