En el año 2000, fui nombrado Obispo de Asidonia-Jerez donde permanecí hasta el 2009. A orillas del Guadalete se encuentra la gran Cartuja de Santa María de la Defensión (s.XVI), donde por aquel entonces había una comunidad de 14 cartujos, cuyo prior era el sevillano Fr. Pedro Moreno de la Cova. Desde el inicio entré en contacto con ellos y las frecuentes visitas me ayudaron a descubrir y a entender la alta espiritualidad que vivían aquellos monjes de san Bruno: su firme fe en Dios, su ferviente esperanza en la vida eterna y su amor a todos los hombres, de los cuales se sentían humildes servidores, que desde su vida “escondida en Cristo”, se ofrecían y oraban por toda la familia humana.
Fue la tarde de la víspera de Reyes del 2001, cuando el prior me adelanto que en mayo de ese mismo año, el Capítulo General de Grenoble decidiría la restructuración de las cartujas de la vieja Europa con vista a nuevas fundaciones en Iglesias más jóvenes. Esto iba suponer la desaparición, después de tanto años, de los cartujos de Jerez de la Frontera (Cádiz).
Durante el periodo de levantamiento de la fundación, pude comprobar el desprendimiento total de cada uno de los monjes para llevar a acabo el mandato de sus superiores. El despego afectivo y material de lo que suponían los bienes de la comunidad y sobre todo, la preocupación por el futuro de los cuatro empleados en las labores de monasterios, a los que trataron con la máxima generosidad, superando con creces lo que marcaban las leyes laborales. La totalidad de los bienes, inmuebles y propiedades de la comunidad, legados por instituciones eclesiásticas y bienhechores andaluces, fueron donados a la Diócesis de Asidonia-Jerez, con el fin de atender mejor las necesidades de culto de sus fieles y ayuda de los más pobres.
El día 19 de marzo de 2002, fiesta de san José, fue elegido para la salida de los últimos cartujos: Fr. Pedro y el Hº Esteban, que llevaba 48 años sin salir de la Cartuja, con rumbo a Corea del Sur, donde aún permanecen y con buenos frutos apostólicos. Salieron como pide el Evangelio a los evangelizadores con espíritu: “sin llevar alforja, ni pan, ni dinero…” (Mc 6,713). Ciertamente en esta resumida historia se cumplen las palabras del Papa Francisco en la reciente Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate: “Los santos sorprenden, desinstalan, porque sus vidas nos invitan a salir de la mediocridad tranquila y anestesiante” (nº 138).

