Esa gesta culminó cuando los 18 supervivientes de la expedición, encabezados por Juan Sebastián de Elcano, volvieron a postrarse ante la misma imagen el 8 de septiembre de 1522.
Ahora el Arzobispo Castrense ha vuelto al mismo templo al aceptar una invitación del hermano mayor de La Pontificia, Real e Ilustre Hermandad y Archicofradía de Nazarenos del Santísimo Sacramento, de la Pura y Limpia Concepción de la Santísima Virgen María, Santísimo Cristo de las Tres Caídas, Nuestra Señora de la Esperanza y San Juan Evangelista para presidir la Eucaristía final de los cultos al Santísimo Cristo de las Tres Caídas. Esta cofradía, una de las más antiguas de Triana y Sevilla, está íntimamente vinculada a la Armada Española, por este motivo el Arzobispo aceptó presidir el final del quinario al Señor de las Tres Caídas.
La homilía del prelado comenzó aludiendo al salmo 115, como dar gracias a Dios por tantas cosas que recibimos, personales y también colectivas. Sus palabras también dieron las gracias al empeño y al heroísmo de los marinos que acompañaron a Elcano y al evangelio de Cristo que también dio la vuelta al mundo.
El Arzobispo Castrense de España, a continuación, expuso un breve comentario sobre los textos del séptimo domingo del tiempo ordinario, donde resaltó: “amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; será grande vuestra recompensa y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los malvados y desagradecidos.
Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros”.
Acto seguido, aludiendo a la advocación del Señor de las Tres Caídas, expuso que es una imagen que evoca el evangelio que se había proclamado “Dios ha amado tanto al mundo que nos ha enviado a su Hijo”. Y este Jesús nazareno cargó con el desamor de los hombres que son nuestros pecados y llegó hasta el agotamiento una y otra vez. Las caídas de Jesús representan los tropiezos que tantas veces tenemos en la vida. Pero al igual que en la Pasión de Cristo, Dios nos manda a algunos “Cireneos “para que nos ayuden a llevar la cruz de cada día. Terminó D. Juan diciendo que no estamos solos en el dolor y el sufrimiento. Cristo el Dios Humanado nos acompaña hasta la victoria final que pasa por la Cruz y nos lleva a la Resurrección
Con anterioridad visitó la capilla de los marineros donde está Nuestra Señora de la Esperanza donde rezó por todos los hermanos de la Hermandad, por la Junta Directiva y los componentes de la Armada que han demostrado a lo largo de los siglos su devoción por la Virgen.

